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¿Por qué el Papa nos pide contemplar la naturaleza?

Como humanidad necesitamos corregir nuestra relación con la Casa Común, explica el Obispo Auxiliar Salvador González.
Volver a contemplar la naturaleza, la Casa Común. Foto: L'Osservatore Romano
Volver a contemplar la naturaleza, la Casa Común. Foto: L'Osservatore Romano

Participa cada lunes a las 21:00 horas (tiempo del centro de México) en La Voz del Obispo en Facebook Live.  Este lunes 5 de octubre podrás conversar con el autor de este texto,  Mons. Salvador González, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México.

 


Desde la publicación de la Carta encíclica Laudato si’ (LS), el primer día de septiembre la familia cristiana celebra la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, ese mismo día da inicio el Tiempo de la Creación que concluye el 4 de octubre, en la memoria de san Francisco de Asís, el período que justamente estamos cerrando, es una propuesta para nosotros los cristianos de renovar nuestra fe en Dios Creador, así como para unirnos en la oración y en las tareas de defensa de la casa común. Este año para la celebración del Tiempo de la Creación, la familia ecuménica ha elegido como tema “Jubileo de la Tierra”, y coincide con el 50 aniversario del Día de la Tierra.

Todo esto no es más que un signo evidente de la preocupación por una realidad a la que todos estamos llamados a atender: nuestro planeta, y la forma en la que estamos en relación con quienes formamos parte de una misma casa. Estamos hechos de materia terrestre y lo que la tierra produce sostiene nuestra vida. Sin embargo, como nos recuerda el libro del Génesis, no somos simplemente “de tierra”: también llevamos en nosotros el soplo vital que viene de Dios (Cf. Gn 2,4-7).

Vivimos, por lo tanto, en la casa común como una única familia humana y en la biodiversidad con las demás criaturas de Dios. Somos “imagen de Dios”, como tales estamos llamados a cuidar y respetar a todas las criaturas y a sentir amor y compasión por nuestros hermanos y hermanas, especialmente los más débiles, a imitación del amor de Dios por nosotros, manifestado en su Hijo Jesús, que se hizo hombre para compartir con nosotros esta situación y salvarnos.

Nuestro egoísmo nos ha hecho fallar en la responsabilidad como custodios y administradores de la tierra. Es más que evidente el desastre de la contaminación, la explotación, el uso indiscriminado y el saqueo de los recursos. Nos lo han dicho muchas veces y hoy lo seguimos escuchando “no hay futuro para nosotros si destruimos el ambiente que nos sostiene” (Francisco, 22 de abril de 2020).

Viene a nosotros una pregunta fundamental: ¿Cómo podemos restaurar una relación armoniosa con la Tierra y con el resto de la humanidad? El Papa Francisco nos ayuda a dar respuesta a la cuestión y nos dice que necesitamos una nueva forma de ver nuestra casa común. El mundo natural, para nosotros los creyentes, es el “Evangelio de la Creación”, que expresa la potencia creadora de Dios para plasmar la vida humana y hacer que el mundo exista junto con lo que contiene para sostener a la humanidad. Todas las formas de vida están interconectadas (Cf. LS 137-138), nuestra salud depende de la de los ecosistemas que Dios ha creado y que nos ha encargado cuidar (Cf. Gn. 2,15).

Abusar de ellos, en cambio, es un grave pecado que daña, que perjudica y hace enfermar (Cf. LS 8; 66). El mejor antídoto contra este abuso de nuestra casa común es la contemplación (Cf. LS 85; 214): “Cuando alguien no aprende a detenerse para percibir y valorar lo bello, no es extraño que todo se convierta para él en objeto de uso y abuso inescrupuloso” (LS 215). Las criaturas tienen un valor en sí y “reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad infinita de Dios” (CEC 339). Ese valor y ese rayo de luz divina hay que descubrirlo y, para hacerlo, necesitamos escuchar, necesitamos contemplar.

El Santo Padre nos ha ayudado en sus últimas catequesis, a profundizar de qué manera la contemplación nos ayuda volver a la actitud de cuidado y custodia de nuestro mundo. Y es precisamente mirando la naturaleza desde el interior, es decir, conscientes de que formamos parte de ella. Quien contempla de esta manera, dice el Papa Francisco, siente asombro no sólo por lo que ve, sino también porque se siente parte integral de esta belleza; y también se siente llamado a guardarla, a protegerla.

Además, insiste el Papa, quien no sabe contemplar la naturaleza y la creación, no sabe contemplar a las personas con toda su riqueza. Al final el contemplativo en acción tiende a convertirse en custodio del medio ambiente, para esto será importante conjugar los saberes ancestrales de las culturas milenarias con los nuevos conocimientos técnicos, de tal manera que nuestro estilo de vida sea sostenible.

Las relaciones de los seres humanos con la creación necesitan corregirse y volverse a equilibrar, la metáfora que ocupa Francisco, es la de la “fraternidad”, evocando al Santo de Asís; y que nos pone de inmediato en la línea del asumir un papel de custodios de nuestra casa común, de la vida y de la esperanza; pues se convierte en el cuidado del patrimonio que Dios nos ha dado para que las nuevas generaciones puedan también disfrutarlo.

Es éste un sencillo resumen sobre el tema del cuidado de la casa común, que con ocasión de los acontecimientos de este tiempo nos ha regalado el Papa Francisco, tema que nos implica a todos y a cada uno desde el propio lugar y responsabilidad en este preciso momento, sirva su presentación en este texto para recordarlo y ponerlo en práctica.

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