"Son elegidos": Arquidiócesis de México lleva The Chosen a jóvenes de centros especializados

Leer más
COLUMNA

La voz del Obispo

Necesitamos agradecer más y quejarnos menos

Cuando el ser humano se cree autosuficiente y olvida agradecer, pierde el sentido de la realidad

6 febrero, 2026
POR:
Autor

Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México desde el 18 de noviembre de 2022. En 1993 se consagra como religioso agustino recoleto y realiza sus estudios de filosofía y teología; ordenado sacerdote el 31 de julio de 1999. 

En el corazón del Valle de México resuena una palabra antigua y profundamente actual: Tlazohcamati. No es solo “gracias”. Es una expresión que nace de los pueblos originarios y que habla de amar, de reconocer al otro desde el fuego interior que lo mueve a hacer el bien.

“Tú sabes estar en el fuego del amor”, dicen algunas de sus interpretaciones. Agradecer, entonces, no es un gesto superficial: es un acto espiritual que reconoce que la vida, el bien y la esperanza no nacen de nosotros mismos, sino de un don recibido.

Hoy, como sociedad y como creyentes, necesitamos agradecer más y quejarnos menos. A nuestro Dios que nos regala cada amanecer, la posibilidad del encuentro, el diálogo y la amistad, solo podemos responder con las palabras del salmista: “¡Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre!” (Sal 92,1). La gratitud nos devuelve a la verdad fundamental de la vida: todo lo bueno es gracia.

Cuando el ser humano se cree autosuficiente y olvida agradecer, pierde el sentido de la realidad. La ingratitud alimenta la avidez, distorsiona la mirada y nos hace sentir acreedores en lugar de deudores de un Dios que ama, que confía y que ha puesto en nuestras manos una tierra hermosa, tantas veces herida por intereses mezquinos y por ideologías que dividen. Una sociedad sin gratitud se vuelve incapaz de cuidar la vida, de proteger la casa común y de reconocerse responsable del otro.

Por el contrario, una sociedad que vive desde la fe y la gratitud protege la vida, cultiva la amistad social y se convierte en llama de esperanza frente a la violencia, la indiferencia y la impotencia.

Cuando somos agradecidos, emerge nuestra capacidad amorosa; y donde hay caridad, allí está el Señor. Allí hay fe viva.

No tengamos miedo de manifestar esa fe en el espacio público, promoviendo consensos sociales, exigiendo dignidad para cada víctima de la violencia, escuchando el clamor de las madres buscadoras, defendiendo la dignidad de los migrantes y de quienes han sido descartados.

La fe nos envía. Nos impulsa a escuchar y a actuar. Nos mueve a comprometernos para que nadie sea enterrado en el anonimato, para que ninguna vida sea tratada como desecho, para que ninguna persona quede sola frente al dolor, la depresión o la desesperanza.

Llevar el mensaje de fraternidad no es una consigna ideológica; es Evangelio. Es seguir a Jesús y trabajar por una sociedad que se preocupa por quienes viven en situación de vulnerabilidad. Como recuerda Fratelli Tutti, el diálogo social auténtico parte del reconocimiento de valores comunes como la dignidad humana, la justicia y el desarrollo integral.

Hoy, desde esta tierra y desde esta Iglesia particular, damos gracias al Dios de la vida y le pedimos que seamos promotores de una auténtica amistad social. Que la fe, la esperanza y la caridad sigan siendo el fuego que nos mueva a amar y a servir. Tlazohcamati, Señor, por tanto bien recibido.


Autor

Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México desde el 18 de noviembre de 2022. En 1993 se consagra como religioso agustino recoleto y realiza sus estudios de filosofía y teología; ordenado sacerdote el 31 de julio de 1999.