Al comenzar el año, reemprender el camino de la felicidad
Jesús, Camino, Verdad y Vida, nos enseña con su palabra y con su testimonio, que para “intensificar” nuestra vida, para alcanzar la felicidad y la plenitud que tanto buscamos
Jesús, Camino, Verdad y Vida, fuente de nuestra alegría
En cada ser humano existe un deseo natural e irreprimible de felicidad, de vida, de vida eterna. Por lo tanto, ninguna persona en su sano juicio aspira a la desdicha, a la frustración, al vacío, al absurdo o al sin sentido.
Por haber sido creados por Dios como seres inteligentes y libres, existen en nuestros corazones aspiraciones profundas que, aunque quisiéramos, no podemos erradicar. Me refiero a la aspiración a la verdad, al bien, a la belleza, al sentido y, en definitiva al amor, buscando con ello una vida plena.
Estamos aún comenzando un nuevo año y con ello, nos planteamos metas buscando una vida colmada, plena, con propósito y significado. Seguramente con nuestros objetivos y proyectos para el nuevo año, en el fondo, más allá de buscar nuestro desarrollo personal o familiar, buscamos una vida auténtica y lograda.
Jesús, Camino, Verdad y Vida, nos enseña con su palabra y con su testimonio, que para “intensificar” nuestra vida, para alcanzar la felicidad y la plenitud que tanto buscamos, necesitamos, en primer lugar, abrirnos al amor de Dios, fortalecer nuestra comunión con Él, crecer en el seguimiento de Jesús, vivir su evangelio, y por lo tanto, crecer en libertad interior para amar y servir a Dios en nuestro prójimo.
Quizá en ocasiones corremos el riesgo de confundir la felicidad con el bienestar, con el placer, con la ausencia de problemas, con el éxito de distinto tipo, etc. Sin embargo, nada de eso, puede llenar el corazón humano, no lo puede satisfacer plenamente.
Bástenos como ejemplo caer en cuenta de que vivimos en un mundo lleno de oportunidades y recursos, donde los avances de la ciencia, la tecnología, el conocimiento, el bienestar, etc. han alcanzado niveles antes insospechados para la humanidad. Sin embargo, al mismo tiempo son alarmantes los índices de insatisfacción, de sensación de vacío o de sinsentido en muchas personas, aún teniéndolo aparentemente todo.
Lo que sucede es que nada ni nadie tiene la posibilidad ni la capacidad de colmar nuestros más profundos deseos, sino solamente Dios.
Así se los dijo el Papa Benedicto XVI a los jóvenes en Poller Rheinwiesen, Colonia, el jueves 18 de agosto de 2005:
Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Sólo él da plenitud de vida a la humanidad.
También el Papa Benedicto XVI, en su Viaje apostólico al Reino Unido, el viernes 17 de septiembre de 2010 al dirigirse a los jóvenes dijo:
La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. Sólo él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón.
Iluminados por tan sabias enseñanzas de Su Santidad Benedicto XVI, preguntémonos si somos realmente felices y en dónde estamos buscando la felicidad; recordemos que Dios mismo nos dice en las Sagradas Escrituras: “Que el Señor sea tu único deleite y él colmará los deseos de tu corazón” (salmo 37, 4) y que en Cristo, Camino, Verdad y Vida, está la fuente de la verdadera dicha, de la alegría profunda que sacia el corazón, aquella que proviene de sabernos incondicionalmente amados por Dios, y de poder amar y servir como Cristo lo hace y nos enseña.

