Los regalos de la Pascua en el primer discurso de san Pedro

En la fiesta de Pentecostés, san Pedro dio su primer sermón, producto del cual se convirtieron más de 3 mil personas al cristianismo.
San Pedro fue el primer Papa de la historia. Foto: Fernando Nuñez/Cathopic.
San Pedro fue el primer Papa de la historia. Foto: Fernando Nuñez/Cathopic.

Participa cada lunes a las 21:00 horas (tiempo del centro de México) en La Voz del Obispo en Facebook Live.  Este lunes 19 de abril podrás conversar con el autor de este texto sobre la Pascua y el primer discurso de san Pedro, el Obispo Auxiliar, Mons. Carlos Samaniego.

 

Aparecen tres palabras reiterativas en el discurso de san Pedro a más de tres mil personas después de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús y que podríamos profundizar por ser un pasaje muy importante en la liturgia de la Palabra en los cincuenta días de la Pascua que ahora estamos celebrando.


Ustedes mataron a Jesús de Nazaret

Esta es la primer frase que fue dirigida por san Pedro a personas que seguramente no habían gritado ¡Crucifícale! el viernes de la Pasión.

Ellos podrían decir no ser culpables pues no estuvieron en el lugar de los hechos. Y sin embargo, ellos forman parte del Pueblo de Dios que rechazó a Jesús de Nazaret, el Mesías. Además, se anunció la Buena Nueva por sus pueblos y no creyeron. Esta palabra está hoy dirigida a nosotros, pero corremos el riesgo de querernos lavar las manos y decir que tampoco nos consideramos culpables. Quizá haga falta recordar aquel pasaje en donde el profeta Natán pregunta al Rey David acerca de qué sentencia merecía el pastor que tenía muchas ovejas y que robó la única  que tenía otro pastor; en aquella ocasión el Rey David se levantó enfurecido dictando sentencia de muerte; pero el profeta Natán le dijo “ese hombre eres tú”, porque el Profeta se refería al mismo Rey David, que teniendo mujeres fue y se acostó con Betsabé, la única mujer de Urías (adulterio y traición a un amigo).

Además, el Rey mandó a Urías en primera línea en una batalla (homicidio). Sabemos que el Rey David se arrepintió y gracias a ello podemos hacer nuestras sus palabras del salmo 50 que expresan un corazón contrito. Hoy podríamos también experimentar el dedo del profeta Natán diciendo “ese hombre eres tú”, y el contenido del discurso de san Pedro “Ustedes mataron a Jesús de Nazaret”. En efecto, tú y yo lo matamos, allí estábamos cuando con nuestros pecados, vicios, faltas y omisiones lo abofeteábamos, lo escupíamos, lo coronábamos de espinas, lo flagelábamos, lo crucificábamos. Matamos a Jesús de Nazaret.

Dios lo resucitó de entre los muertos

Esta es la Buena Noticia, el Crucificado ha Resucitado. Está vivo y vive entre nosotros. Los momentos previos a la resurrección están llenos de incertidumbre, hay temor, tristeza, llanto, desilusión; hay incredulidad como la de santo Tomás, hay también asombro como el de Pedro y Juan ante el sepulcro vacío y fe cuando el Señor Jesús se autorevela. Así lo dejan ver las palabras de san Juan gritando al ver a Jesús: “Es el Señor”, o María Magdalena diciendo “Rabbuní” o santo Tomás reconociendo a Dios en Jesús con las palabras “Señor mío y Dios mío”.

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Por tanto, pienso en tres posturas ante esta gran noticia. La primera sería la indiferencia ante el acontecimiento, es decir, situarnos como espectadores a quienes sin ninguna vergüenza reconocen haber participado en la muerte de Jesús de Nazaret, pero al saber que Dios lo ha resucitado de entre los muertos pensar que ya está solucionado todo y que no hay que preocuparse más. Esta postura ve el caso con final feliz pero sin ninguna repercusión en la propia vida.

La segunda postura sería la de lamentar de gran forma el hecho de haber participado en la muerte de Jesús de Nazaret que la tristeza, el arrepentimiento, el remordimiento eclipsaran la noticia de la Resurrección. Finalmente, la tercer postura, es aquella a la que nos invita san Pedro: la conversión.

Conviértanse

Esta tercer palabra hace referencia al arrepentimiento y la contrición por haber matado a Jesús de Nazaret y estar dispuestos a no volverlo a hacer, hace referencia también al conocimiento agradecido de la Resurrección que lleva a cambiar de vida. ¿Cómo podríamos concretar la conversión en nuestras vidas? Veamos algunas acepciones relacionadas con la palabra conversión que se utilizan en la Escritura.

El idioma hebreo utiliza la palabra sûb para hablar de conversión como de un regreso de las malas acciones, un desandar el camino, se trata de no volver a recorrer más el mal camino.

El idioma griego utiliza la palabra metanoia para hablar de conversión como de un cambio de mentalidad, se trata de adquirir los criterios del Evangelio, como adquirir la mente de Cristo. Mirar con los ojos de Dios.

Poenitentia del latín hace referencia, para hablar de conversión, a la reparación de las faltas, la reconciliación, la restauración del daño causado por el pecado.

El italiano utiliza la palabra conversiones y es así como pasa al español la palabra conversión que también quiere decir cambio de dirección, cambio de orientación de la vida, pero siempre movidos por el dolor de haber participado en la Crucifixión del Señor y al mismo tiempo inundados de alegría y dispuestos a una vida nueva, porque Dios lo resucitó de veras y ello repercute en nuestras vidas porque esta vivo, viene a nuestro encuentro y vive a nuestro lado.

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