Opinión

La experiencia real de nuestra pastoral digital

El distanciamiento social que nos exige hoy la situación de emergencia sanitaria ha trastocado profundamente la manera en que vivimos comunitariamente nuestra fe. No solamente la celebración ordinaria de la Misa se ha visto trastocada, también las celebraciones sacramentales de bautismos, bodas, graduaciones; el acompañamiento de los enfermos y los funerales; además, los grupos pastorales y de oración han tenido que buscar nuevas maneras de permanecer en contacto.

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Al comenzar este año jamás nos hubiéramos imaginado que tendríamos que prepararnos para aprender a transmitir en vivo desde nuestro celular, además de saber utilizar las herramientas de comunicación como Zoom, Google meetings o Bluejeans. Fuera de toda realidad nos hubiera parecido, hace unos meses, celebrar sin el pueblo presente en nuestras parroquias, limitar la comunión sacramental, animar a confesarse personalmente con Dios o acompañar a un enfermo a través de una video llamada.

¡Vaya transformación pastoral que ha provocado esta pandemia! Sin embargo, ¿es real el acompañamiento que realizamos al compartir nuestra fe por estos medios electrónicos?, ¿cumplimos con nuestra misión de pastores al permanecer encerrados en nuestras parroquias ofreciendo consuelo espiritual por teléfono, y anunciando el Evangelio por YouTube? Y las familias, ¿cumplen con su responsabilidad de celebrar su fe al participar desde sus hogares por medio de la televisión o la computadora de los servicios que la parroquia ofrece?

En su mensaje por la Jornada Mundial de las Comunicaciones del 2014, el Papa Francisco, nos invitaba a utilizar las redes sociales como una oportunidad para mejorar nuestra capacidad de encuentro, de escucha y de compromiso. Así comenzaba su mensaje: “En este mundo, los medios de comunicación pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos”.

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Por lo tanto, compartir nuestra vivencia de la fe por los medios digitales es una gran oportunidad de encuentro, una manera real de manifestar nuestra cercanía a quien hoy necesita de Dios. Ciertamente nunca será lo mismo un encuentro por video llamada que la cercanía personal; sin embargo, uno no excluye al otro. Cuando yo celebro la Eucaristía frente a una cámara, o escucho a un enfermo por teléfono, o hago una oración por un moribundo por una video llamada, estoy convencido que existimos dos creyentes reales conectados por un medio digital. Las personas son las que otorgan el contenido humano y real a la experiencia digital.

Por ello, nuestra comunicación en las redes digitales no consiste en bombardear con cientos de mensajes a nuestros feligreses; seremos buenos pastores cuando seamos nosotros quienes estemos detrás de cada mensaje que enviamos y cuando comprendamos a quién le estamos comunicando la fe, pues no le hablamos a la cámara, sino a personas concretas que necesitan una palabra de sentido y un testimonio real de esperanza.

Definivitamente es real la experiencia pastoral por los medios digitales cuando ésta encuentra un pastor que continúa atento a las necesidades de su comunidad, y una comunidad atenta a la voz de su pastor. Así lo expresaba Francisco en el mismo mensaje citado anteriormente:

“La red digital puede ser un lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de personas humanas. La neutralidad de los medios de comunicación es aparente: sólo quien comunica poniéndose en juego a sí mismo puede representar un punto de referencia”.

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