El cuidado del corazón es un camino hacia la paz social

¿Cómo contribuir a frenar la violencia en la sociedad? Uno de los caminos empieza por el propio corazón.
Solo tú Señor puedes transformar nuestros corazones para contribuir con la paz. Foto: Cathopic.
Solo tú Señor puedes transformar nuestros corazones para contribuir con la paz. Foto: Cathopic.

Participa cada lunes a las 21:00 horas (tiempo del centro de México) en La Voz del Obispo en Facebook Live.  Este lunes 5 de julio podrás conversar con el autor de este texto, Mons. Luis Manuel Pérez Raygoza, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México. 

Con tristeza y perplejidad vivimos el crecimiento exponencial de la violencia, el enfrentamiento y distintas manifestaciones de odio y de rencor: violencia intrafamiliar, feminicidios, discriminación, corrupción, homicidios, crimen organizado, trata de personas y un largo etcétera.

Seguramente todos nos preguntamos qué hacer y cómo contribuir para poner un freno a hechos tan lamentables. Sin duda, en el ámbito social, son muchas las tareas al respecto, y a cada uno nos corresponde asumir las propias.


Sin embargo, la raíz más profunda de los males enunciados está en el corazón humano, y por lo tanto, un ámbito esencial para su solución es, justamente, el trabajo sobre el propio corazón.

Por encima de todo, vigila tu corazón, porque de él brota la vida” (Prov 4,23) dice la Sagrada Escritura.

Miremos más allá de nuestro cuerpo y nuestra salud corporal. Foto: Cathopic.

Para favorecer la paz es necesario trabajar en el corazón de las personas, en su desarrollo integral. Foto: Cathopic.

La Biblia no entiende el corazón únicamente como el órgano físico, ni tampoco lo vincula prioritariamente con los sentimientos y emociones, sino que lo identifica con la interioridad más profunda de la persona y como la sede de los pensamientos, las convicciones, los deseos, y sobre todo, de las decisiones.

En este sentido, es comprensible que la paz social se fragua en cada corazón, y que depende de las actitudes y disposiciones que van cultivándose en lo profundo de cada persona.

En consecuencia, la transformación de las familias y de la sociedad, tiene como condición irrenunciable un arduo proceso interior de trabajo humano, moral y espiritual sobre el corazón de las personas, siendo la familia, el ámbito privilegiado para ese trabajo interior.

Para ser promotores y protagonistas de la paz social y de la reconciliación, es necesario primero contar con un corazón sano, unificado, libre, reconciliado y en paz.

Para ello es preciso dejarse tocar y transformar por Dios, por su amor, por su palabra y por su Espíritu. Solamente Dios puede darnos un corazón integrado, maduro y libre, reconciliado consigo mismo y con los demás; un corazón libre para amar y para dejarse amar; un corazón que asume maduramente su propia historia y es capaz de trascender sus fronteras, de superar sus miedos, sus egoísmos y complejos, para comprometerse con la vida y el bien de los demás.

No puede haber paz social sin corazones buenos y nobles.

Editorial Oración por la paz

La paz se crea en el día a día. 

Sería muy difícil que un corazón confundido, en guerra consigo mismo y con los demás; un corazón dividido, esclavizado, atormentado, enfermo o egoísta contribuya a la paz de su familia y de su entorno social.

Por lo tanto, toda pretendida paz social será efímera e inconsistente sin la formación y el acompañamiento de las raíces (el corazón de las personas) en el ámbito familiar y social, y sin políticas y proyectos educativos que se enfoquen al acompañamiento integral de todas las personas, en particular de los niños, adolescentes y jóvenes.

El corazón se cuida con el amor, pues la agresividad y la violencia son, en el fondo, heridas en el amor.

Como discípulos de Cristo es mucho lo que podemos y debemos aportar al respecto: la educación familiar, la incidencia en los proyectos educativos y en las políticas escolares, la sensibilización social, la ayuda solidaria a los más necesitados a través de diversos voluntariados, el compromiso con los derechos humanos, y sin duda, el fortalecimiento en la vivencia de la fe y la participación activa en la evangelización.

 

Este texto pertenece a nuestra sección La Voz del Obispo y se complementa con la transmisión en vivo que realizará su autor este lunes 5 de julio a través de Facebook Live a las 9 PM. ¡Participa!

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