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Después del sínodo, ¿qué?

14 diciembre, 2023

El Sínodo de la Sinodalidad sigue su proceso dinámico. El foco mediático y polémico se desvió a la triste guerra en Medio Oriente. Los trabajos sinodales se desarrollaron en octubre mediante las ‘Conversaciones del Espíritu. Unas semanas de ritmos de trabajo intensos en donde el papa Francisco estuvo presente, también nuestro Cardenal Arzobispo Primado de México participó como presidente delegado junto a una nutrida representación mexicana.

La experiencia mueve más que el documento, que es siempre necesario para una guía. El testimonio de muchos de los hermanos que allí coincidieron se visualiza en las buenas formas con un buen fondo. Las mesas redondas para trabajar, el aula San Pablo VI, las traducciones simultáneas, los círculos menores, el equipo de redacción… La logística siempre bien llevada por el Vaticano destaca por su gran experiencia en este tipo de encuentros. Uno de los frutos del encuentro sinodal fue tener una misma experiencia. El Espíritu es el que armoniza estos acontecimientos más que los intereses personales, el cabildeo y otras artimañas que corresponden más a unos miembros de la Iglesia saturados por su ego disfrazado de espiritualidad y disponibilidad.

La conclusión de esta parte del Sínodo se encuentra en un informe que invito a que lo lean y reflexionen antes de hablar sobre él, aunque como dijo el Papa Francisco en el año 2018: “… se presenta el documento para que lo lean pocos y lo critiquen muchos”. El documento esta vez es un informe de síntesis titulado Una Iglesia sinodal en misión, a partir del cual se han generado algunas inquietudes y en el que todos los miembros del Pueblo de Dios estamos llamados a profundizar y dar nuestra opinión antes de la segunda sesión en octubre de 2024.

El informe propone presentar “convergencias, asuntos a considerar y propuestas que surgieron del diálogo”. Está organizado en 20 temas agrupados en tres grandes bloques y luego cada uno de esos 20 capítulos está desarrollado en tres partes, con temas vitales que realmente interesan y afectan a todo el Pueblo de Dios. De los tres grandes bloques, el primero se refiere a la teología y a la espiritualidad de la sinodalidad. El segundo es un bloque que se detiene a pensar en las personas, en los sujetos del sentido de la fe (sensus fidei), es decir, todos los miembros del pueblo de Dios. El tercer bloque trata el tema de los procesos y de las instituciones, y la necesidad de que sean cada vez más sinodales; esto es, que promuevan y faciliten la corresponsabilidad, el liderazgo compartido en la Iglesia.

Ha llegado el momento de escuchar, de vivir las ‘Conversaciones del Espíritu’ en tu parroquia y decanato. Nuestras asambleas tendrán éxito en el momento que los laicos sean los verdaderos protagonistas. Ellos son los que marcan el ritmo y el sentido evangelizador de la escucha y del discernimiento en el Espíritu en la Arquidiócesis. Todos nos debemos ayudar para evitar el clericalismo, que es un látigo, un azote que esclaviza al Santo Pueblo de Dios.

Poner a Jesús en el centro de todas nuestras acciones pastorales evitará caer en personalismos. Este tiempo es para que “estemos vigilantes, no vaya a ser que nos pongamos nosotros mismos en el centro, en lugar de poner a Dios”. Lo esencial es “ser Iglesia adoradora e Iglesia del servicio, que lava los pies a la humanidad herida, que acompaña el camino de los frágiles, los débiles y los descartados, que sale con ternura al encuentro de los más pobres” (Papa Francisco, Homilía XXX Domingo del Tiempo Ordinario, 2023). Es bueno recordar lo que dice san Basilio “armonizar los corazones lacerados por el mal, rotos por las heridas, disgregados por los sentimientos de culpa. Solo el Espíritu devuelve la armonía al corazón porque es Aquel que crea la intimidad con Dios”, (S. Basilio, Spir., XIX,49). Si queremos armonía busquemos a Jesús desde el primer momento.



Estamos redescubriendo la necesidad de escuchar a los ‘cristianos de a pie’, a los que viven su fe desde diversas vocaciones y carismas, y no sólo a los ministros ordenados, que en algunas oportunidades “se exceden en su servicio y maltratan al pueblo de Dios, desfigurando el rostro de la Iglesia con actitudes machistas y dictatoriales” (Papa Francisco, Homilía XXX Domingo del Tiempo Ordinario, 2023).

Es tiempo de ser valientes y aprender a caminar juntos. Si no tenemos en cuenta el trabajo de la Iglesia hacia afuera nos quedaremos en pequeños protagonismos y autoreferencialidades que oscurecen los sueños de una Iglesia más fraterna y samaritana. La experiencia de las ‘Conversaciones del Espíritu’ nos ayudan a armonizarnos desde la Palabra experimentando la presencia de Dios y la maravilla de la fraternidad. Nuestra Arquidiócesis de México tiene una riqueza en historia y sensibilidad y si este modelo de discernimiento comunitario lo ponemos en práctica en nuestras parroquias y decanatos llegaremos a nuestra Asamblea arquidiocesana con la necesidad de evangelizar a los que están dentro y fuera de nuestra Iglesia.

Quiero finalizar con tres propuestas para vivir este tiempo de discernimiento comunitario en la parroquia y en el decanato. La primera: prepárate espiritualmente. No se trata de llegar con tu idea. Cada comunidad cristiana, cada persona tiene su particularidad, pero estas particularidades deben incluirse en la sinfonía de la Iglesia, y la sinfonía adecuada la hace el Espíritu: nosotros no podemos hacerla. Aquí no entran los sistemas parlamentarios. La segunda: aprende a escuchar al otro haciendo silencio en tu interior: pregúntate antes: ¿con qué actitud vengo a la asamblea? No es un debate de ideas, ni una reunión para el cuidado pastoral. Vengo a caminar junto a mis hermanos. Sobre la escucha me remito al artículo que escribí en esta columna hace unos meses. Y la tercera propuesta es: abrir horizontes y crear un equipo que dé seguimiento a las líneas que se van repitiendo a través de las ‘Conversaciones del Espíritu’.

Así es como podemos construir una Iglesia arquidiocesana “servidora de todos, servidora de los últimos. Una Iglesia que no exige nunca un expediente de “buena conducta”, sino que acoge, sirve, ama, perdona. Una Iglesia con las puertas abiertas que sea puerto de misericordia” (Papa Francisco, Homilía XXX Domingo del Tiempo Ordinario, 2023). No tengamos miedo a replantear un proceso misionero evangelizador que nos ayude a vivir en una iglesia arquidiocesana más fraterna y samaritana.





Autor

Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México desde el 18 de noviembre de 2022. En 1993 se consagra como religioso agustino recoleto y realiza sus estudios de filosofía y teología; ordenado sacerdote el 31 de julio de 1999. 

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