La muerte del inocente jamás nos conducirá a la paz

Con tristeza hemos escuchado esta semana como la Suprema Corte de Justicia de la Nación abolió los plazos para abortar en caso de violación.
Foto: María Langarica
Foto: María Langarica

Participa cada lunes a las 21:00 horas (tiempo del centro de México) en La Voz del Obispo en Facebook Live.  Este lunes 12 de julio podrás conversar con el autor de este texto, Mons. Luis Manuel Pérez Raygoza, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México. 

 

¡Cuántas amenazas sufren nuestras vidas desde el momento que somos concebidos hasta que experimentamos nuestro paso a la vida eterna!
Apenas conocemos la vida en el vientre de nuestra madre y ya existe la duda si nos dejarán vivir. Mujeres, muchas veces movidas por situaciones injustas, por haber sufrido una violación o por temores a diferentes realidades, han sido convencidas que la solución a sus angustias está en terminar con la vida que se gesta en su vientre.


Tristemente cada vez gana más terreno en nuestra sociedad el argumento que afirma que el aborto es un tratamiento médico o quirúrgico ofrecido “para la salud de la mujer”. Ante ello nos pregunta el papa Francisco: “¿acaso es lícito eliminar una vida humana para resolver nuestros problemas?”

Reconocemos la difícil situación que muchas mujeres enfrentan al quedar embarazadas por un acto violento contra ellas, y la Iglesia está siempre dispuesta a buscar una solución junto con ellas. Nosotros queremos salvar las dos vidas, pues nuestra conciencia nos dice que jamás podremos aconsejarle a alguien que la interrupción de su embarazo es el camino hacia la paz. Esto no solo es cuestión de fe, sino de sincera humanidad.

Con tristeza hemos escuchado esta semana como la Suprema Corte de Justicia de la Nación abolió los plazos para abortar en caso de violación; y en sintonía con esa noticia, los legisladores de la ciudad de México han aprobado una modificación a la fracción XXV del artículo 6 de la Ley de Salud de la ciudad de México, en la que siguen proponiendo el aborto como solución para la angustia causada por una violación; ahora quitando todo límite de tiempo en las semanas de embarazo. ¡Cuánto sufrimiento infligido a la mujer!

No solo ha sufrido la violencia del agresor, sino que también sufre la violencia de la sociedad, que prefiere aconsejarle “el camino más fácil” antes que atenderla íntegramente. No hay manera que la muerte de un ser humano traiga paz duradera a otro ser humano. Sin duda, el agresor debe de ser castigado, pero la víctima no debe ser sometida a más violencia.

Como sociedad, no termina ahí la defensa de la vida, pues las amenazas continúan una vez habiendo nacido cada ser humano: la injusticia social que impide a miles de niños ser nutridos como su naturaleza lo requiere; la incapacidad de la sociedad para ofrecer una educación digna a todo ser humano que nace con la esperanza de desarrollarse plenamente; la violencia que sufren nuestros niños y adolescentes al imponérseles una educación de género cuando todavía no han madurado su identidad; la amenaza de la violencia impuesta por las bandas de sicarios que usan adolescentes y jóvenes para realizar sus delitos; la falta de oportunidades que impiden encontrar un trabajo digno y estable; la inseguridad que crece en nuestro país; y por último, la amenaza de la eutanasia, con la que algunos buscan decidir cuándo debemos morir para hacerlo con dignidad.

Como verán, muchas son las amenazas que se ciernen sobre nuestras vidas, desde que somos concebidos en el vientre de nuestra madre, hasta que nos encontremos naturalmente con la muerte.

Por ello, en la promoción de la vida digna, ¡estamos implicados todos! No porque a nosotros no nos abortaron podemos dejar de pensar que existe todavía una ley que propone como solución a la angustia de las mujeres, la muerte de sus niños. Tampoco es válido olvidarnos de quienes no tienen qué comer, o dónde estudiar, o dónde trabajar con dignidad, solo porque nosotros hemos sido de los afortunados que se nos ha concedido tener todos estos dones.

Dios guíe nuestros pasos, mueva nuestros corazones para que como cristianos amemos la vida y la defendamos desde el vientre de nuestras madres, hasta el fin de nuestras vidas.

 

Este texto pertenece a nuestra sección La Voz del Obispo y se complementa con la transmisión en vivo que realizará su autor este lunes 12 de julio a través de Facebook Live a las 9 PM. ¡Participa!