Opinión

Llevar a nuestros hijos a María, para que Ella los lleve a Jesús

Se acerca el día de las madres y es una buena oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la Virgen María en nuestras vidas. Desde pequeña mi mamá me enseñó a rezarle a la Virgen, recuerdo que de camino a la escuela recitábamos juntas la oración “Bendita sea tu pureza” para ponernos en sus manos y ofrecerle todos nuestros trabajos del día. Qué bonito recuerdo de mi mamá enseñándome a platicar y establecer una relación cercana con mi mamá del cielo.

Pasaron los años y conforme fui creciendo descubrí que la Virgen María era alguien muy importante en mi vida, siempre había estado presente. Recuerdo que solíamos rezar por las noches el Rosario en familia, era un momento en que todos dejábamos de hacer lo que estábamos haciendo para dedicar un rato a estar juntos con Jesús y María y no solo rezábamos durante el mes de Mayo, sino procurábamos hacerlo todos los meses y también cuando salíamos a carretera.

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La verdad es que siempre me gustó rezar el Rosario con mi familia, pero conforme fuimos creciendo y haciendo nuestra propia vida se volvió complicado poder rezar juntos. He de confesar que cuando intentaba rezar el Rosario yo sola, me costaba más trabajo y terminaba claudicando en el intento. En muchas ocasiones rezaba, pero no tenía idea de lo que estaba diciendo pues parecía algo tan cotidiano que solo repetía un sinfín de Aves Marías casi sin sentido, pues me había “acostumbrado” a rezar sin realmente comprender por qué y sobre todo a quién me estaba dirigiendo.

Ahora como mamá he intentado acercar a mis hijos a la Virgen para que, siguiendo el ejemplo de mis padres, ellos también descubran a María como su Madre y modelo de vida, pero aún me falta un gran camino por recorrer. Hace poco en un retiro, tuve la oportunidad de platicar con una mamá con hijos pequeños y me compartía que siempre se ha preguntado cuál será una de las mejores formas de llevar a sus hijos hacia Jesús e inculcarles el amor por la oración y me sentí tan identificada pues yo también me pregunto lo mismo todo el tiempo. Lo único que pude decirle fue que cuando mis hijos, ahora adolescentes, eran más pequeños procurábamos rezar un misterio del Rosario de camino a la escuela o de regreso a casa y platicábamos un poco sobre los misterios que meditábamos ese día, pero que ahora ya casi no lo rezamos pues ellos se muestran poco interesados y en ocasiones apáticos.

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Ella me contestó que alguna vez había escuchado a un sacerdote relatar que de pequeño solía rezar el Rosario en familia y que conforme fue creciendo dejó de hacerlo pues le parecía aburrido, pero tiempo más tarde se dio cuenta que fueron de los mejores momentos en su vida pues había llegado a Jesús a través de María y me alentó a seguir buscando formas de llevar a mis hijos al encuentro de Jesús a través de su Madre por medio de la oración.

Y es por esto que, en este mes de las madres, me gustaría que reflexionáramos sobre ¿quién es María para nosotros y qué tan presente está en nuestras vidas?, ¿qué tan frecuentemente solemos hablar con ella?

Si analizamos la vida de los santos casi todos, si no es que todos, tuvieron una especial devoción a la Virgen, pues descubrieron que no hay nadie mejor para llevarnos a Jesús que Ella. Mostremos a los demás que la Virgen María es nuestra mamá que nos consuela, que nos anima, que nos brinda un lugar de seguridad y refugio en su corazón, que nos protege y que nos da la fortaleza necesaria para vivir. Que Ella, mejor que nadie, ha experimentado lo que es vivir junto con Jesús el camino de la vida en momentos de gozo y también de dolor, pero siempre con la esperanza puesta en la Pascua.

Pienso que no hay mejor forma de que nuestros hijos estén cerca de Jesús que enseñándoles a estar cerca de la Virgen, porque si nosotros llevamos a nuestros hijos a María, Ella se encargará de llevarlos a su Hijo. Mis padres me hablaron de la Virgen María, pero sobre todo me enseñaron a establecer una relación de amor y confianza con Ella a través de la oración constante y el ejemplo diario en sus vidas. Ella siempre estuvo presente en la vida de mis padres y ahora lo está en la mía.

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