Historias ciudadanas

Seguridad espiritual y terrenal en el Tepeyac

Mónica y Alfredo disfrutan con los preparativos para su visita en un 12 de diciembre a la Basílica de Guadalupe, acompañados de sus hijos y familiares. Ya han realizado otras peregrinaciones, con vecinos o la comunidad escolar, pero esta será la primera vez el mismo día de las celebraciones a la Virgen del Tepeyac.

Para la familia, la conexión con su fe es muy importante para fortalecer esa paz emocional necesaria en el bienestar personal y colectivo. La peregrinación no sólo es un acto de devoción, sino una experiencia que conecta a los fieles con su comunidad.

Esta movilización masiva plantea retos significativos en términos de seguridad pública y orden social. El ambiente espiritual depende, en gran medida, de la capacidad para garantizar condiciones adecuadas.

La seguridad, entendida no solo como la ausencia de violencia, sino como la protección de los espacios y dinámicas que hacen posible el ritual, se convierte en una tarea central para preservar el sentido sagrado del evento.

Garantizar la seguridad de más de 12 millones de visitantes implica un trabajo conjunto entre el gobierno de la Ciudad de México, la Iglesia y las organizaciones de la sociedad civil. El Operativo Basílica, instruido por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, plantea el despliegue de más de 11 mil servidores públicos, entre ellos seis mil policías, y el apoyo de las cámaras de videovigilancia del C5, que además enviará dos unidades móviles.

Los principales riesgos identificados incluyen emergencias médicas por agotamiento o deshidratación e incidentes de pérdida de menores. Los C2 móviles —que estarán ubicados en el atrio de la Basílica y en Calzada de Guadalupe— cuentan con un sistema de voceo para operar en caso de extravío de personas.

Más allá de la infraestructura de seguridad, la cooperación comunitaria juega un papel fundamental en la creación de redes de apoyo, especialmente para quienes viajan desde otras partes del país.

La promoción de valores como la paz, respeto y generosidad no solo enriquece la dimensión espiritual de una de las principales celebraciones religiosas del mundo, también contribuye a reducir conflictos potenciales entre los asistentes. Este enfoque resalta cómo los valores religiosos pueden complementar y reforzar las estrategias de seguridad en eventos masivos.

El Tepeyac se transforma así en un espacio donde las diferencias desaparecen en favor de un propósito común, y en una demostración de la convivencia entre lo terrenal y lo espiritual.

Salvador Guerrero Chiprés

Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).

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