Los sacerdotes y el don de la amistad

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COLUMNA

Desde la familia

Los sacerdotes y el don de la amistad

Los sacerdotes siempre han sido foco de atención para sus comunidades, pero en esta época, el poder de las redes sociales ha colocado a muchos, igual que a los políticos y líderes sociales en una posición pública y vulnerable que va desde el agrado y la aceptación, hasta situaciónes polémicas y francamenteescandalosas. Muchos clérigos se […]

11 febrero, 2026
Los sacerdotes y el don de la amistad
Consuelo Mendoza
POR:
Autor

Consuelo Mendoza es conferencista y la presidenta de la Alianza Iberoamericana de la Familia. Es la primera mujer que ha presidido la Unión Nacional de Padres de Familia, a nivel estatal en Jalisco (2001 – 2008) y después a nivel nacional (2009 – 2017). Estudió la licenciatura en Derecho en la UNAM, licenciatura en Ciencias de la Educación en el Instituto de Enlaces Educativos, maestría de Ciencias de la Educación en la Universidad de Santiago de Compostela España y maestría en Neurocognición y Aprendizaje en el Instituto de Enlaces Educativos. 

Los sacerdotes siempre han sido foco de atención para sus comunidades, pero en esta época, el poder de las redes sociales ha colocado a muchos, igual que a los políticos y líderes sociales en una posición pública y vulnerable que va desde el agrado y la aceptación, hasta situaciónes polémicas y francamente
escandalosas.

Muchos clérigos se han servido de las redes para catequizar, reflexionar o simplemente para interactuar y manifestar sus opiniones, alcanzando una fama virtual que se traduce en likes. Pero hay otro gran número que viven su ministerio casi en el anonimato, insertos en comunidades que pueden ser muy pequeñas, hostiles, lejanas o muy pobres.

Son los curas que pasan inadvertidos en una sociedad hiperconectada, y a veces olvidados por sus propios superiores, cumpliendo su misión evangelizadora en silencio, sin aspavientos, viviendo el día a día confiados a la Providencia y renovando su esperanza.

A lo largo de mi vida he tenido el privilegio de conocer a algunos de estos ministros cuya vida se resume en dar y darse a Dios y a los hombres. Como el padre que pidió dejar la comodidad de su Diócesis para misionar en Chiapas, donde hacía grandes recorridos por la selva y atravesando ríos, para llegar, por lo
menos una vez al mes, a administrar los sacramentos y celebrar la Eucaristía a las diferentes comunidades indígenas.

O aquel que con los ojos llenos de lágrimas, les pidió a dos jovenes que fueron de misiones al pueblo, que se quedaran solo un año con él, para lograr frutos en su comunidad, en medio del crimen organizado; y están aquellos curas, son muchos, que viven en las periferias de las grandes ciudades, que trabajan solos con una población llena de necesidades que las sectas saben aprovechar.

Es vergonzoso y público el abuso y escándalo provocado por muchos clérigos que han dañado tanto a la iglesia, pero son muchos más aquellos que no brillan por su carisma, que quizá no son grandes oradores, que muchas veces son incomprendidos por los fieles, pero con su entrega diaria y callada, permanecen fieles y obedientes a la Iglesia, y de ellos, los católicos hablamos muy poco…

Hace años llegó a mis manos el libro de Michel Quoist “Oraciones para rezar por la calle”, entre todas las hermosas reflexiones, había una que expresa la vida de estos ministros de Dios, que siguen siendo tan humanos como nosotros, renunciaron a una vida personal, pero necesitan como nosotros, la mano
desinteresada de un amigo, la compañía de una familia, una sonrisa, un “gracias” que le permita sentir que humanamente no está solo y caminamos con él en la construcción del Reino.

Oración de un sacerdote un domingo por la tarde

Esta tarde, Señor, estoy solo.

Poco a poco los ruidos en la iglesia se han callado,

Los fieles se han ido
Y yo vuelvo a casa,
Solo.

Me crucé con una pareja que volvía de su paseo, pasé ante el cine que vomitaba
su ración de gente, bordeé las terrazas de los cafés, donde los paseantes
cansados intentaban estirar la felicidad del domingo festivo, me tropecé con los
pequeños que jugaban en la acera, los niños, Señor, los niños de los otros, que
jamás sarán míos.
Y heme aquí, Señor, solo.
El silencio es amargo, la soledad me aplasta……

*
Señor, tengo 35 años, un cuerpo hecho como los demás cuerpos, unos brazos
jóvenes para el trabajo, un corazón destinado al amor.
Pero yo te lo he dado todo, porque en verdad que a Ti te hacía falta.
Yo te lo he dado todo, Señor, pero no es fácil.
El duro dar su cuerpo: él querría entregarse a los otros.

Es duro amar a todos sin reservarse nadie, es duro estrechar una mano sin querer
retenerla, es duro hacer nacer un cariño tan sólo para dártelo, es duro no ser nada
para sí mismo por serlo todo para ellos, es duro ser como los otros, estar entre los
otros, y ser otro, es duro dar siempre sin esperar la paga,
es duro ir delante de los
demás sin que nadie vaya jamás delante de uno, es duro sufrir los pecados ajenos
sin poder rehusar el recibirlos y llevarlos a cuestas.

Es duro recibir secretos sin poder compartirlos, es duro arrastrar a los demás y no
poder jamás, ni por un instante, dejarse arrastrar un poco, es duro sostener a los
débiles sinMe crucé con una pareja que volvía de su paseo, pasé ante el cine que
vomitaba su ración de gente, bordeé las terrazas de los cafés, donde los
paseantes cansados intentaban estirar la felicidad del domingo festivo, me tropecé
con los pequeños que jugaban en la acera, los niños, Señor, los niños de los otros,
que jamás sarán míos.
Y heme aquí, Señor, solo.
El silencio es amargo, la soledad me aplasta……

*

Hijo mío, no estás solo; Yo estoy contigo. Yo soy tú, pues Yo necesitaba una
humanidad de recambio para continuar mi Encarnación y mi Redención.

Desde la eternidad te elegí: te necesito.
Necesito tus manos para seguir bendiciendo, necesito tus labios para seguir
hablando, necesito tu cuerpo para seguir sufriendo, necesito tu corazón para
seguir amando, te necesito para seguir salvando: continúa conmigo, hijo.
*
Heme aquí, Señor. He aquí mi cuerpo, he aquí mi corazón, he aquí mi alma.
Dame el ser lo bastante grande para abarcar el mundo, lo bastante fuerte para


Autor

Consuelo Mendoza es conferencista y la presidenta de la Alianza Iberoamericana de la Familia. Es la primera mujer que ha presidido la Unión Nacional de Padres de Familia, a nivel estatal en Jalisco (2001 – 2008) y después a nivel nacional (2009 – 2017). Estudió la licenciatura en Derecho en la UNAM, licenciatura en Ciencias de la Educación en el Instituto de Enlaces Educativos, maestría de Ciencias de la Educación en la Universidad de Santiago de Compostela España y maestría en Neurocognición y Aprendizaje en el Instituto de Enlaces Educativos.