Si el Señor se fue al Cielo, ¿cómo podía presentarse a sus discípulos?

Se puede hablar de una presencia espiritual muy efectiva de parte del Señor a lo largo de la historia.
La Ascensión del Señor a los Cielos
La Ascensión del Señor a los Cielos

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”. El Señor Jesús, después de hablarles, subió al Cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían. La ascensión del Señor  (Mc 16, 15-20)

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Cultura Bíblica

El Evangelio de hoy nos reporta que Jesús subió a los Cielos y está sentado junto al Padre. Pero, poco después, dice que el Señor ayudaba y confirmaba el mensaje de sus discípulos, acompañándolo con señales milagrosas. Si el Señor se fue al Cielo, ¿cómo es posible que ayudara a sus discípulos?


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A partir de que Nuestro Señor Jesucristo murió y resucitó, su presencia fue real pero muy misteriosa. Jesús ya no estaba atado al espacio y al tiempo. Se hacía presente con alguno de sus conocidos, pero éste no lo reconocía, luego Él anunciaba su presencia.

Si nos ponemos a mirar detenidamente podremos darnos cuenta de que la presencia física no es la única forma de estar en un lugar, por ejemplo, un carpintero está presente de alguna forma en donde haya una silla que él construyó. El autor de un libro está presente donde haya una copia del libro que escribió. También la soberanía de un gobernante se hace presente en todas las partes del país que gobierna, y se le obedece porque está presente a partir de las órdenes que ha emitido.

Jesús, así lo creemos los católicos, está presente en el Sacramento de la Eucaristía. Jesús está presente para asistir a sus discípulos, pero no se trata de una presencia igual a la de su vida terrena. Un ejemplo muy claro es cuando salió al encuentro de Saulo (Pablo), en el camino a Damasco (Hch 9,4-5), y le preguntó: “¿Saulo, por qué me persigues?” Esta pregunta supone que Jesús sabía de las correrías de este hombre persiguiendo a los cristianos. En el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles, Pedro y Juan operan un milagro en nombre de Jesús de Nazaret (Hch 3,1-9).

Podemos entonces hablar de una presencia espiritual muy efectiva de parte del Señor a lo largo de la historia. Si el evangelista habla de la presencia de Jesús a la derecha del Padre, lo hace en referencia a la circunstancia definitiva, a la condición actual gloriosa de Cristo. Pero su presencia no se reduce a lo físico, Él puede estar presente entre nosotros de muchas otras formas.

Actualmente se habla de cinco formas de presencia de Cristo en la Misa: En el ministro que preside; en la asamblea que se reúne; en la Palabra de Dios proclamada, especialmente en el Evangelio; está presente en los pobres y necesitados; y en las especies Eucarísticas. Son cinco formas concretas de presencia misteriosa de Cristo entre nosotros, cuando vamos a la Misa.

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