Opinión

¿Qué tipo de sanaciones hacía nuestro Señor Jesús?  

Del santo Evangelio según san Marcos (Mc 6, 30-34)

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces Él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.


¿Qué tipo de sanaciones hacía nuestro Señor Jesús?

El Evangelio que leemos este domingo está relacionado con el que se leyó la semana pasada. En efecto, hace ocho días leímos que Jesús dio autoridad a sus discípulos para expulsar demonios y les pidió que ungieran a los enfermos con aceite y les impusieran las manos para que sanaran. Hoy leemos que, efectivamente, ocurrieron tanto los exorcismos como las curaciones.

En primer lugar es importante considerar que dentro de la tradición bíblica la enfermedad en general está ligada al pecado, pues la primera es un proceso que puede llevar a la muerte de la persona. Las curaciones de enfermos que Jesús mandó a los discípulos a realizar tienen exactamente este contexto religioso. Jesús no hizo de sus discípulos “médicos” profesionales, éstos existían ciertamente en el pueblo hebreo, se les llamaba “rofeh”. También existían muchos conocimientos de sanación por medio de hierbas, baños, aspiraciones aromáticas, etc.

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Si miramos bien lo que Jesús les pidió a los discípulos, no hace distinción de unas u otras enfermedades, más bien prescribe la unción con aceite y la imposición de manos. Con ello vemos que Jesús los envió a realizar “acciones proféticas” eminentemente religiosas. El valor de aquellos signos era evidenciar que el Reino de Dios ya estaba cerca.

Ciertamente, como nos lo reportan las fuentes historiográficas de la medicina antigua, la mayoría de la gente pobre no podía pagar los servicios de los médicos griegos o romanos y tampoco los de los judíos. Por lo tanto recurrían a santuarios famosos por la capacidad de eventos curativos, a este respecto leemos en el evangelio de San Juan (5,1ss) que la piscina probática que se encontraba junto al Templo de Jerusalén tenía la fama de curar al primer enfermo que tocara las aguas, cuando éstas se ‘movieran’ por el ángel del Señor.

Jesús, que practicó muchas curaciones milagrosas, fue tenido por un profeta importante. Entonces sí es posible que muchas personas lo buscaran, o a sus discípulos, para obtener la salud.

Ahora bien, más que la salud física, Él siempre ofreció una sanación de cuerpo y alma (cfr. Mc 2.1-11; Jn 5,14). Por eso mismo, el texto de este día nos dice que Jesús se puso a enseñarles muchas cosas. La salud no es solamente el bienestar físico, sino un estilo de vida que te mantiene alejado y libre del mal.

 

Mons. Salvador Martínez Ávila es rector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.