Cultura Bíblica

“No he venido a traer la paz, sino la división”, ¿por qué Jesús dijo esto?

Del santo Evangelio según san Lucas: 12, 49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!

¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres.

Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

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Las expresiones que leemos hoy en el Evangelio suenan muy extrañas con el resto de discursos que solía pronunciar Nuestro Señor Jesucristo. ¿Cómo podemos asumir o dar validez a expresiones como “no he venido a traer la paz sino división”, “he venido a arrojar fuego sobre la tierra”, etc…?

El día de hoy se traen a colación los textos más difíciles de comprender dentro de los muchos dichos y parábolas que pronunciara Nuestro Señor Jesucristo.

Esto sucede porque algunas de las frases que se leen en este Evangelio parecen contradecir lo que de palabra y obra profesara el Señor.

La primera frase que nos ocupa es: “He venido a traer fuego sobre la tierra, y cuándo deseo que ya estuviera ardiendo”.

El fuego, en la tradición bíblica, suele representar dos cosas: la primera de ellas es el medio con el que se castiga a pueblos y personas.

Dios aniquiló con fuego las ciudades de Sodoma y Gomorra por sus graves delitos (cfr. Gn 19,1-29). Judá pretendió quemar a su nuera por sospecha de adulterio (Gn 38,24). También, el fuego, se usa para purificar los metales (Pr 17,3).

Jesús no se pudo referir al primer uso del fuego porque ya en otra ocasión los discípulos le habían propuesto hacer caer fuego del cielo, y É los había reprendido (cfr. Lc 9,54-55).

Juan Bautista en su predicación había hecho referencia al fuego que castiga y purifica porque este es un signo de la cercanía del Reino de los cielos (Mt 3,10.12).

También el Bautista dijo que venía detrás de él uno más fuerte que “bautizará con Espíritu Santo y con fuego” (Mt 3,11).

Con estos testimonios podemos comprender en buena medida que Jesús se sentía portador de este fuego purificador y esta presencia del Reino.

La segunda frase difícil es “Cómo me angustio mientras llega (el Bautismo con que debía ser bautizado)”. La auto revelación que hace el Señor de sus estados de ánimo no era muy común, pero también lo hizo en otras ocasiones:

Frente al sepulcro de Lázaro lloró (Jn 11,35). Y en la noche de su agonía en Getsemaní les reveló sus sufrimientos a los suyos (cfr. Mc 14,34).

La última frase que comentaremos es: “no he venido a traer la paz, sino la división”. El sentido de la división lo aclara más adelante: en una casa estarán dos contra tres y tres contra dos.

Esta aseveración se refiere a que el Evangelio no se impone a los individuos. Incluso en ambientes homogéneos como la familia puede haber diversas opiniones y toma de decisiones. Declarar que el Evangelio es a toda costa un vínculo para unir a todos sería una falsedad.

 

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