¿Esto es un deseo, una declaración o una profecía?
Las bienaventuranzas del Señor sí tienen un fuerte llamado a la consideración del futuro definitivo
En el discurso de hoy Jesús inicia muchas frases con la palabra “dichosos”. ¿Esto es un deseo, una
declaración o una profecía?
Dentro del evangelio de San Mateo encontramos el primer gran discurso, de un total de cinco, iniciado
precisamente con las ocho bienaventuranzas. Este discurso es conocido como el Sermón de la montaña
o Discurso Evangélico (Mt 5,1-7,29).
Para hablar del uso de las bienaventuranzas y los ayes, debemos remontarnos a la literatura del Antiguo Testamento. Pues cuando tanto los profetas como los sabios querían aprobar o reprobar ciertas conductas usaban estas palabras para iniciar su discurso. Ejemplo de bienaventuranza es el inicio del Salmo número uno: “dichoso el hombre que no sigue el consejo de los perversos…” (Sl 1,1) Ejemplo de ay es este que encontramos en el profeta Isaías (Is 5,20) “hay de los que llaman al mal bien y al bien mal”.
Dentro de los contextos del Antiguo Testamento comprendemos que los autores no están expresando deseos, es decir las bienaventuranzas no son fórmulas de bendición ni los ayes fórmulas de maldición. Más bien, son declaraciones que están sustentadas en la larga observación de generaciones tras generaciones a propósito de los comportamientos de las personas. Pero ¿Por qué Jesús usa ocho veces la palabra dichosos o bienaventurados al inicio de su discurso?
Estas declaraciones ponen de manifiesto un criterio de valoración que está por encima de la lógica de las recompensas inmediatas, porque se declara dichosos a los pobres, a los que lloran, a los misericordiosos, entre otros. En la mentalidad meramente mundana estas situaciones más bien merecerían un “ay”. Pero Jesús habla de que esas situaciones al fin de cuentas no es la definitiva y abre el camino a un cambio que sí será el definitivo, por ejemplo, la posesión del Reino de los Cielos, el consuelo, el ser llamados hijos de Dios. Las bienaventuranzas del Señor sí tienen un fuerte llamado a la consideración del futuro definitivo.

