Cultura Bíblica
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El Señorío de Jesús y la confianza en Su providencia

Jesús pretende que sus discípulos se libren de las incertidumbres y quienes reciban a un apóstol tengan la certeza de que no quedarán sin recompensa.
Discípulos de Jesús.
Discípulos de Jesús.

Lectura del Santo Evangelio (Mt 10, 37-42)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

Reflexión

La parte del discurso de envío de los apóstoles que leemos hoy, trata sobre dos temas principalmente. El primero es sobre la primacía del amor a Jesucristo por sobre todas las otras personas. Y el segundo, sobre la recompensa que Dios tiene reservada para quienes actúan llevados por la fe.

Con respecto al primer tema, cabe recordar que el Evangelio de san Mateo se caracteriza por hacernos ver a Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre, ya desde su vida pública. El reclamo de primacía que hace el Señor pasa necesariamente por la fe en que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre.

Si pensáramos en Jesús de Nazaret como un simple ser humano, los reclamos serían exagerados, pero para la comunidad cristiana, desde sus primeros pasos, fue evidente que el Hijo y el Padre eran objeto de cumplimiento del primer mandamiento de la ley, a saber: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”.

La adhesión al Señorío de Cristo, tomando como ejemplo a san Pablo, debe ser total y absoluta. En su carta a los Colosenses desacredita a todas las jerarquías de seres espirituales “tronos, dominaciones y potestades”, incluyendo a toda clase de “potencias” (en griego llamados demonios), todas están sujetas y subordinadas a Cristo, Señor y cabeza.

En contraposición una doctrina desarrollada entre los judíos, que rechazaban la divinidad del Mesías, ve a Jesús como un gran profeta, un heredero de los misterios de los esenios o de los egipcios, pero no reconoce su señorío.

Por lo que toca a la segunda enseñanza, es un tema muy a propósito del envío que estaba haciendo. Jesús procuró que sus discípulos entendieran la dimensión sobrenatural de las acciones de misericordia cotidiana.

Sus apóstoles eran enviados, como en el Antiguo Testamento Dios había enviado a sus profetas. Normalmente, la buena acogida de la persona del profeta está unida a la buena acogida de su mensaje. El ejemplo más sobresaliente en la Antigua Alianza, es la acogida al mensaje de Jonás por parte de los ninivitas, quienes, desde el rey hasta los animales, hicieron ayuno, oración y fueron llamados a la conversión de las malas acciones (cfr. Jon 3,1-10).

Leer: ¿Cómo fue la relación de Jesús con sus discípulos?

Por tanto, Jesús pretende que sus discípulos se libren de las incertidumbres y quienes reciban a un apóstol tengan la certeza de que no quedarán sin recompensa.

 

* Monseñor Salvador Martínez es rector de la Basílica de Guadalupe 

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