Lecturas de la Misa y Evangelio del 28 de junio del 2026

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COLUMNA

Comentario al Evangelio

Lecturas de la Misa y Evangelio del 28 de junio del 2026

Seguir a Jesús no es seguir a cualquiera, ir a predicar en nombre de Jesús, por lo tanto, no es cualquier cosa. Es ir en nombre de Dios como verdadero profeta.

27 junio, 2026
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Lecturas y Evangelio del 28 de junio de 2026

  • Primera Lectura: Del segundo libro de los Reyes: 4, 8-11. 14-16
  • Salmo: Salmo 88
  • Segunda Lectura: De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 6, 3-4. 8-11
  • Evangelio del día: Del santo Evangelio según san Mateo: 10, 37-42
  • Comentario al Evangelio

Primera lectura

Del segundo libro de los Reyes: 4, 8-11. 14-16

Un día pasaba Eliseo por la ciudad de Sunem y una mujer distinguida lo invitó con insistencia a comer en su casa. Desde entonces, siempre que Eliseo pasaba por ahí, iba a comer a su casa. En una ocasión, ella le dijo a su marido: “Yo sé que este hombre, que con tanta frecuencia nos visita, es un hombre de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña habitación. Le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que se quede allí, cuando venga a visitarnos”.

Así se hizo y cuando Eliseo regresó a Sunem, subió a la habitación y se recostó en la cama. Entonces le dijo a su criado: “¿Qué podemos hacer por esta mujer?”. El criado le dijo: “Mira, no tiene hijos y su marido ya es un anciano”. Entonces dijo Eliseo: “Llámala”. El criado la llamó y ella, al llegar, se detuvo en la puerta. Eliseo le dijo: “El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en tus brazos”.

Palabra de Dios.

Primera lectura para la Vigilia de santos Pedro y Pablo: 

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 3, 1-10

En aquel tiempo, Pedro y Juan subieron al templo para la oración vespertina, a eso de las tres de la tarde. Había allí un hombre lisiado de nacimiento, a quien diariamente llevaban y ponían ante la puerta llamada la “Hermosa”, para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.

Aquel hombre, al ver a Pedro y a Juan cuando iban a entrar, les pidió limosna. Pedro y Juan fijaron en él los ojos, y Pedro le dijo: “Míranos”. El hombre se quedó mirándolos en espera de que le dieran algo. Entonces Pedro le dijo: “No tengo ni oro ni plata, pero te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesucristo nazareno, levántate y camina”. Y, tomándolo de la mano, lo incorporó.

Al instante sus pies y sus tobillos adquirieron firmeza. De un salto se puso de pie, empezó a andar y entró con ellos al templo caminando, saltando y alabando a Dios.

Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, y al darse cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado junto a la puerta “Hermosa” del templo, quedaron llenos de miedo y no salían de su asombro por lo que había sucedido.

Palabra de Dios.

Salmo

/R/ Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor, 
y daré a conocer que su fidelidad es eterna, 
pues el Señor ha dicho: “Mi amor es para siempre, 
y mi lealtad, más firme que los cielos”. /R/ 

Señor, feliz el pueblo que te alaba 
y que a tu luz camina, 
que en tu nombre se alegra a todas horas 
y al que llena de orgullo tu justicia. /R/ 

Feliz, porque eres tú su honor y fuerza 
y exalta tu favor nuestro poder. 
Feliz, porque el Señor es nuestro escudo 
y el santo de Israel es nuestro rey. /R/ 

Segunda lectura

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 6, 3-4. 8-11

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

Segunda lectura para la Vigilia de santos Pedro y Pablo: De la carta del apóstol san Pablo a los gálatas: 1, 11-20

Hermanos: Les hago saber que el Evangelio que he predicado, no proviene de los hombres, pues no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

Ciertamente ustedes han oído hablar de mi conducta anterior en el judaísmo, cuando yo perseguía encarnizadamente a la Iglesia de Dios, tratando de destruirla; deben saber que me distinguía en el judaísmo, entre los jóvenes de mi pueblo y de mi edad, porque los superaba en el celo por las tradiciones paternas.

Pero Dios me había elegido desde el seno de mi madre, y por su gracia me llamó. Un día quiso revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos. Inmediatamente, sin solicitar ningún consejo humano y sin ir siquiera a Jerusalén para ver a los apóstoles anteriores a mí, me trasladé a Arabia y después regresé a Damasco. Al cabo de tres años fui a Jerusalén, para ver a Pedro y estuve con él quince días. No vi a ningún otro de los apóstoles, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

Y Dios es testigo de que no miento en lo que les escribo.

Palabra de Dios.

Evangelio

Del santo Evangelio según san Mateo: 10, 37-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.

Palabra del Señor.

Evangelio de santos Pedro y Pablo: Del santo Evangelio según san Juan: 21, 15-19

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?”. Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.

Palabra del Señor.

Comentario al Evangelio

En este domingo concluimos la lectura del discurso que Jesús envió a sus discípulos por primera vez a predicar en su nombre. Después de dar muchas instrucciones, que ya hemos leído en los tres domingos pasados, el Señor llega a un punto decisivo e importante. ¿cuál es el estatuto del que envía?

¿Se trata solamente de un profeta itinerante, de un maestro que habla con autoridad? Jesús sorprende a los suyos al indicarles que la opción por él prevalece sobre cualquier apego a otra persona y sobre el apego a sí mismo. Por tanto, Jesús está reclamando el cumplimiento del primer mandamiento teniéndolo a él como referente. Seguir a Jesús no es seguir a cualquiera, ir a predicar en nombre de Jesús, por lo tanto, no es cualquier cosa. Es ir en nombre de Dios como verdadero profeta, como apóstol del Mesías e Hijo de Dios, y esa es la recompensa que Jesús promete a quienes habrían de recibirlos, la comunión con Dios.

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