Evangelio 4 de septiembre de 2022 y reflexión: Caminando con Jesús

“El camino con Jesús exije a la persona optar por Él de manera radical”.
Los católicos creemos en la Resurrección de las almas a la vida eterna. Foto: Freepik
Los católicos creemos en la Resurrección de las almas a la vida eterna. Foto: Freepik

Quien no renuncie a todo, no puede ser discípulo mío (Lc 14, 1. 7-14)

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; Él se volvió y les dijo: “Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: ‘Este hombre empezó a construir y no pudo acabar’. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre ustedes que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”.

Caminando con Jesús

Es una gran muchedumbre, según el testimonio de san Lucas, la que camina con Jesús. Y, como se dirige a Jerusalén, podemos ver cumplida en esta solemne subida la visión profética que contemplaba a todo tipo de personas tomando del manto a los judíos piadosos para dirigirse al santuario, al lugar bendito de la presencia de Dios, desde donde Él mismo atiende la oración y bendice, donde garantiza su protección y auxilio. En realidad, el único que nos orienta adecuadamente al encuentro con el Padre misericordioso es Jesús. Seguir sus pasos es la esencia del discipulado. Asimilar su estilo y reproducir su bondad, la ruta segura de la realización y la santidad.

Pero Jesús no quiere que caminemos por inercia. Aunque nos trata con dulzura de pastor, no le niega a la conciencia y a la voluntad las acciones correspondientes. No somos manada ignorante y manipulada. Somos grey de peregrinos, que nos hemos encontrado con el Señor, que nos ha interpelado. Hemos de saber lo que implica ser discípulos. Y asumirlo con convicción. El discipulado es también acontecimiento de libertad, en el que respondemos personalmente al amor que nos ha buscado.

Las parábolas del evangelio nos ilustran sobre la prudencia. Un constructor y un rey en combate sirven de ejemplo. Se habla de cálculo, pero en modo alguno ha de entenderse como frivolidad o interés comercial. El camino con Jesús plantea exigencias. Las más radicales. Una opción por él por encima de los lazos naturales y aún por encima de la propia estima. Hacer propio de tal modo el destino de Jesús, que incluso la cruz, el máximo signo que desconcierta y redime, pueda reproducirse en nuestra propia realidad.

De hecho, la oración cristiana ha hecho del signo de la cruz sello de identidad cristiana. Nos persignamos, volviendo lúcido el Bautismo, cargando la cruz que nos distingue y establece nuestra vocación. También los bienes, que recibimos de la providencia para nuestro sustento, quedan supeditados a la prioridad de la cruz. Quien no sabe renunciar, no puede ser discípulo del Señor. Contamos con su protección y su auxilio. Pero no nos oculta la dificultad. Como el que realmente ama, nos pide una respuesta de amor total, en el que se ejecuta con suprema generosidad la libertad. Quiere todo nuestro corazón, toda nuestra mente, todas nuestras fuerzas. Nada menos. Y Él mismo, con su Espíritu Santo, nos otorga el vínculo con el que podemos responderle.

“El camino con Jesús exije a la persona optar por Él de manera radical”.

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*Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad de sus autores.

 

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