Opinión

Evangelio 31 de julio y reflexión: ¿Qué es depositar la confianza en Dios?

“Ésta misma noche vas a morir…” (Lc 12, 13-21)

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?”. Y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”. Después les propuso esta parábola: “Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Ésta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’. Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”. Palabra del Señor.

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Meditación

Si seguimos la división del Evangelio de Lucas que hace la Biblia de Jerusalén, el fragmento que hemos escuchado este domingo se encuentra en la cuarta parte: la Subida a Jerusalén (9, 51 a 18,14), compuesta por una colección de fragmentos donde el Evangelista coloca la aportación principal del mensaje de Jesús. Uno de los temas recurrentes en este Evangelio es la pobreza evangélica; hablando de los Pobres de Yahvé (Anawim Yahvé), aquellos que como María, su única riqueza es el Señor y Ella misma se considera como una Servidora; es una condición para aquellos que lo siguen, repitiendo la frase: “dejándolo todo, le siguieron” (5, 11, 28); es lo único que le falta a quien observa los mandamientos desde su juventud, por lo cual Jesús lo lleva a darse cuenta de ello: “todo cuanto tienes véndelo y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, luego ven y sígueme” (18, 22).

Contemplación

Jesús nos invita a evitar toda clase de avaricia (pleonexia), que se puede traducir como no ser excesivo, sobreabundante, redundante, inmoderado, arrogante, orgulloso, exagerado. Nos invita a depositar nuestra confianza y felicidad en Él, en su amor y fidelidad a sus promesas, y no en nuestro poder adquisitivo, en nuestras inversiones o cuentas bancarias, en nuestra belleza o capacidad de relación. He conocido personas cuyo objetivo principal en la vida es “hacer dinero” y están dispuestos a sacrificar horas de familia, de estar con la pareja que dicen amar o de ver crecer a sus hijos, con tal de tener más.

¡Qué difícil será para ellos entender el Evangelio de este domingo! Podrán incluso hacer fundaciones o funciones donde hacen el bien un fin de semana, pero de ello a seguir la propuesta de Jesús, hay un abismo. Es por eso que, cuando organizaciones o empresas que hacen su dinero con el perjuicio de la salud de las personas o con el embrutecimiento de la gente, ofrecen su dinero para buenas causas o fundaciones altruistas, no sé si es más grande el daño que causan, que la ayuda que ofrecen.

Oración

Señor Jesús, te pedimos que nos ayudes a ser honestos y a no vender nuestras instituciones a cualquier apoyo económico, que vivamos tal vez al límite de los recursos, pero sin participar en asociaciones delictuosas, a montos malversados o a fondos que provengan de provocar daño a nuestros hermanos.

Acción

Esta semana busquemos la forma de colaborar con alguna institución que se dedique a hacer el bien a los demás, con nuestra participación honesta y comprometida y constante.

 

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