Opinión

Comentario al Evangelio: La amistad sincera de Jesús

Lectura del Santo Evangelio (Mt 16, 21-27)

En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: “No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!


Luego Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras’’.

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Comentario

De los doce apóstoles elegidos por Jesús, los evangelistas nos presentan a unos cuantos más de cerca, como si viéramos una fotografía con ayuda de una lupa.

Simón el hijo de Juan es uno de ellos, podríamos decir que su papel en nuestra historia es protagónico, después de Jesús, desde luego. Hermano mayor de Andrés, quien fue el primer llamado junto con Juan, es conocido por el sobrenombre indicador de su misión: la Piedra. Simón-Piedra o simplemente Pedro, es el personaje al que los evangelistas prestan más atención, de tal modo que llega a ser muy conocido por nosotros.

A través de los relatos evangélicos vamos descubriendo su carácter intempestivo, a veces imprudente, pero siempre agradablemente fiel a su recientemente mejor amigo de quien va descubriendo con asombro quién es en realidad.

Pedro puede tener muchos defectos humanos, puede ser imprudente, excesivamente temeroso, un tanto inconscientemente cobarde, pero jamás podremos negar su cariño a Jesús.

Dentro del mismo capítulo 16 de san Mateo que estamos leyendo en estos dos domingos, vemos a un Pedro elevado por Jesús hasta lo máximo, digno de una alabanza porque lo que dice es inspirado por Dios y,  no mucho después, vemos al mismo Pedro regañado por Jesús y comparado con Satanás porque lo que dice es el modo de pensar meramente humano. Y, sin embargo, no podemos dudar del amor de Pedro, un amor que lo hizo fiel hasta morir en una cruz como su mejor amigo.

Pedro no es malo; es, tan sólo, humano. Y a ese hombre Jesús confió su Iglesia, la continuación y el culmen de su obra redentora. A ese hombre le confía las llaves del Reino y le da el poder de atar y desatar. No nos toca a nosotros, simplemente humanos, conocer el porqué de las decisiones divinas de Jesús, pero podemos adivinar que algo en Pedro se ganó la confianza de Jesús y podemos pensar que, a final de cuentas, también Jesús quería mucho a aquel amigo que con tanta sencillez expresaba sus pensamientos.

Cada uno de nosotros tiene su propia historia de relación con Jesús. Cada uno de nosotros lo seguimos porque lo queremos mucho, a pesar de nuestros defectos, e, incluso, de nuestras traiciones. Y a veces nos elevamos a lo más sublime porque hemos aprendido a pensar como Jesús, para después descender al nivel de Satanás porque pensamos y actuamos al modo de los hombres. Dudamos de nosotros mismos, pero de lo que no podremos nunca dudar es de la amistad sincera y fiel que Jesús nos brinda, y sólo Él sabe por qué.

Cada uno de nosotros tiene su propia historia de relación con Jesús.

El P. Sergio Román es sacerdote emérito de la Arquidiócesis Primada de México.

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