Opinión

Una controversia innecesaria

Una de las controversias más intensas que han sucedido en los últimos días es la que ha surgido a raíz del anuncio el día 13 de enero, en el periódico francés Le Figaro, de un nuevo libro del cardenal Robert Sarah y Benedicto XVI sobre el sacerdocio y el celibato intitulado “Desde lo profundo de nuestros corazones”.

El libro busca ofrecer argumentos al Papa Francisco para no modificar la disciplina eclesiástica sobre el celibato, luego que al finalizar el Sínodo de la Amazonia una cantidad importante de obispos consideran prudente que algunos diáconos permanentes puedan ser ordenados presbíteros con el fin de brindar  atención pastoral en aquella remota zona de Latinoamérica.

Leer. Papa Francisco, no a las historias falsas y destructivas

Se han publicado algunos extractos del libro que han suscitado enconadas polémicas. Pocos parecen darse cuenta que el deseo de algunos grupos radicalizados de enfrentar a Benedicto XVI con el Papa Francisco dinamiza mucho de lo que se difunde por ejemplo en las redes sociales. Benedicto XVI ha solicitado retirar su nombre del libro como autor y quedar solo como alguien que contribuye con un breve ensayo. A continuación nos atrevemos a hacer algunas breves aclaraciones que esperamos resulten orientativas.

En la Iglesia Católica existen ritos diversos

En México, como en muchas otras partes del mundo, los católicos principalmente vivimos  dentro del rito romano que es una modalidad de rito latino. Sin embargo, por un conjunto de situaciones históricas, la Iglesia católica también ha desarrollado otros ritos con liturgia y disciplinas propias: los ritos orientales. En estos ritos existen sacerdotes casados que ejercen su ministerio en plena comunión con la Iglesia y con el Papa desde hace muchos siglos. Esta no es una práctica irregular o anómala sino que es parte de las distintas formas como una misma Iglesia vive el don de la fe en diversos contextos.

La Iglesia aprecia el celibato y el ministerio de sacerdotes casados

En el Decreto “Presbyterorum ordinis” del Concilio Vaticano II se enseña que la continencia perfecta y perpetua: “siempre ha sido tenida en gran aprecio por la Iglesia, especialmente para la vida sacerdotal. (…) No es exigida ciertamente por la naturaleza misma del sacerdocio, como aparece por la práctica de la Iglesia primitiva y por la tradición de las Iglesias orientales, en donde, además de aquellos que con todos los obispos eligen el celibato como un don de la gracia, hay también presbíteros beneméritos casados”.

El Papa Francisco valora el celibato como un gran don para la Iglesia

Francisco concibe el celibato sacerdotal como un gran don y no es particularmente proclive a la idea de suprimirlo en alguna región.  Así lo ha declarado en diversas ocasiones. Sin embargo, en el remoto caso que él (u otro Papa en el futuro) decidiese modificar la disciplina sobre el celibato se encuentra plenamente facultado para ello. El celibato es una norma eclesiástica, no un principio de derecho divino.

Algunas afirmaciones polémicas del nuevo libro

A la luz de lo hasta aquí dicho existen en el libro algunas afirmaciones problemáticas. Señalamos dos a modo de ejemplo: “hay un vínculo ontológico-sacramental entre el sacerdocio y el celibato.” No es claro qué se quiere afirmar aquí. Si la frase quiere indicar una relación “esencial” entre sacerdocio y celibato, significaría sostener algo que se separa de la enseñanza constante de la Iglesia y en particular del Concilio Vaticano II. Otra expresión desafortunada es: “los pueblos de la Amazonía tienen derecho a una experiencia plena de Cristo Esposo. No podemos ofrecerles sacerdotes de ‘segunda clase’.” Esto es gravísimo. El sacerdocio de hombres casados nunca ha sido para la Iglesia y su Magisterio una realidad de “segunda clase”.

El papa y las “presiones” mediáticas

El Papa Francisco es el auténtico Sucesor de Pedro. Por supuesto que requiere de ayuda, aún en cuestiones doctrinales, para poder ejercer su Ministerio. Por eso, precisamente, convocó al Sínodo de la Amazonia, que es una experiencia a través de la cual se aconseja con caridad y claridad al Vicario de Cristo. Las “presiones” mediáticas no son camino para ayudar al discernimiento pontificio. Una vez realizado el Sínodo, hay que acompañar al Papa con la oración confiando en que la promesa de Jesucristo para sostener a Pedro y a la Iglesia es constante. La Virgen María, medianera de todas las gracias, sostiene el misterio y el ministerio del Papa. Comprender así las cosas es una dimensión constitutiva de nuestra fe. No hay nada que temer. Entrar en juegos de presión y polítiquería es un recurso mundano que no corresponde a la renovación espiritual y pastoral que requiere la Iglesia.

*El autor es Doctor en filosofía; miembro del Equipo Teológico del CELAM; miembro de la Academia Pontificia por la Vida; fundador del CISAV.

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