Opinión

Un golpe más, la dictadura de Nicaragua expulsa al nuncio apostólico

El pasado 12 de marzo la Santa Sede confirmó que la dictadura de Nicaragua, bajo las férreas manos de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, expulsaron al nuncio apostólico monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, que desde 2018 representa a la Santa Sede en ese país.

Confidencial, el periódico digital que desde Costa Rica dirige Carlos Fernando Chamorro, reveló que el pasado 6 de marzo el nuncio salió intempestivamente de Nicaragua hacia Roma.

Fuentes diplomáticas a las que tuvo acceso el periódico señalan que ya en ese momento al nuncio “oficialmente, no lo declararon non grato, pero le transmitieron una orden de expulsión de facto”.


Ante la dedicación de la dictadura ahora se sabe que el nuncio abandono Nicaragua, el pasado 6 de marzo sin poder despedirse de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) o del cuerpo diplomático acreditado en el país.

De acuerdo con Confidencial, la fuente más segura que ahora existe para enterarse de lo qué pasa en el país de Sandino, la expulsión ocurre a consecuencia de diversos incidentes que no han sido bien recibidos por la dictadura.

El más relevante es que el 10 de enero, fecha de la autoproclamación de Ortega como presidente, el nuncio apostólico viajó a Roma y no se hizo presente en el evento.

Esto generó el reclamo de las autoridades del país sobre las razones de su ausencia en el acto de toma de posesión, que a nivel nacional e internacional fue cuestionada en su legitimidad.

La expulsión ocurre en el marco del hostigamiento de la dictadura a la Iglesia, por no someterse a los deseos de Ortega y Murillo. Como también ocurre con otros actores de la sociedad nicaragüense.

Días antes de este evento, monseñor Carlos Herrera, presidente de la Conferencia de Obispos de Nicaragua (CEN) advirtió sobre el deterioro de las relaciones entre el gobierno y el representante del Papa.

En el comunicado emitido por el Vaticano se dice que “la Santa Sede ha recibido con sorpresa y dolor la comunicación de que el Gobierno de Nicaragua ha decidido retirar el beneplácito (agrément) a Su Eminencia Monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, Nuncio Apostólico en Managua desde 2018, imponiéndole que dejara inmediatamente el país después de notificarle esa medida”.

Y añade que “tal disposición resulta incomprensible ya que, durante su misión, Su Eminencia Monseñor Sommertag ha trabajado incansablemente por el bien de la Iglesia y del pueblo nicaragüense, especialmente por los más vulnerables, buscando siempre favorecer las buenas relaciones entre la sede apostólica y las autoridades de Nicaragua.

Destaca la participación del nuncio “como testigo y acompañante de la mesa de Diálogo Nacional entre el Gobierno y la oposición política, en vista de la reconciliación nacional y de la liberación de los presos políticos”.

La Santa Sede afirma estar “convencida de que esta grave e injustificada decisión unilateral no refleja los sentimientos del pueblo de Nicaragua, profundamente cristiano, la Santa Sede desea reafirmar su plena confianza en el representante pontificio”, un diplomático con muchos años en el servicio de la Iglesia.

No hay un rompimiento de las relaciones diplomáticas entre la dictadura y la Santa Sede. Todavía no se nombra al nuncio que habrá de sustituir a monseñor Sommertag. Lo que es seguro, en independencia de quien sea el nuevo representante del Vaticano, es que la tensión no se va a resolver.

La Iglesia no puede apoyar a una dictadura y justificar sus encarcelamientos y crímenes. No puede avalar el silencio que se imponen a quienes no apoyen al régimen. Los obispos, los sacerdotes y los fieles no pueden alinearse a un régimen dictatorial. La Iglesia tiene que defender la libertad.

 

 

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Twitter: @RubenAguilar

Rubén Aguilar Valenzuela es profesor universitario y analista político.

 

 

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