Opinión

“Te cuidaré desde lejos”, las palabras de un niño migrante

Una mañana, -como cualquier otra en la Casa del Migrante de la Iglesia Católica (CMIC)-, me encontraba sirviendo el desayuno cuando una mamá migrante me dijo que sólo esperaba una llamada para irse.

En ese momento recordé cuando ellos llegaron a la CMIC, de eso ya dos meses. Sin embargo, durante un año fue tal la travesía que sufrieron esta mujer y su hijo, desde que partieron de su tierra natal, Honduras, hasta llegar a México, que no bastaría todo un libro para describirlo.


La confianza con ella surgió cuando la invité para que cocinara, tal cual como lo acostumbraba en su casa, los ingredientes eran lo de menos, pues nosotros se los dábamos, y así se rompió el hielo.

Día tras día fuimos degustando cada uno de los platillos que acostumbran comer las familias de hondureñas. Ella estaba feliz de probar nuevamente la comida de su casa, de compartirle a su hijo ese pequeño recuerdo de su tierra y de enseñarnos a disfrutar su cocina típica.

El tiempo por las mañanas pasaba rápido, pues entre la limpieza, la preparación de la comida, videollamadas con sus familiares, entre otras múltiples ocupaciones los hacían olvidarse que estaban de paso, pues los hacían sentir como en casa, se sentían bien.

Dos meses después llegó el día de la partida. Con rapidez seleccionaron la ropa necesaria para viajar, pues sus pertenencias sólo deben caber en una mochila; el niño dejó sus juguetes, sólo seleccionó uno, su favorito, pues viajan ligero.

El pequeño nos dijo emocionado que se iría a la nieve y su mamá sólo lo miró y le dijo “no sabes a lo que te enfrentarás en el camino, pero Dios nos va a cuidar”. Una vez más comprobé que para ellos no hay vuelta atrás, sólo hacia adelante.

“Te cuidaré desde lejos”, fueron las últimas palabras que el pequeño me dijo al salir de la Casa. No logro captar bien el mensaje, pero sí pude sentir su ternura, emoción e ilusión de llegar a Estados Unidos. Lo único que sé, es que los cuidaré desde lejos con nuestras oraciones.

*La hermana Arlina Barral es la responsable de la Pastoral de Migrantes de la Arquidiócesis de México.

 

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