Opinión

¿Por qué la encíclica Rerum Novarum sigue vigente?

En el decimocuarto año del pontificado del Papa León XIII, un 15 de mayo de 1891, se presentó el documento que marcaría un parteaguas en todo lo relacionado a la visión del magisterio en la cuestión social.

La encíclica “Rerum Novarum” cuya traducción podría ser “de las cosas nuevas o de los cambios políticos”, fue un documento que generó diversas reacciones en todo el mundo tanto en el ámbito eclesiástico como en el campo político, económico y social.

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Hablar de la situación laboral principalmente de los obreros, desencadenó fuertes críticas por parte de voces que consideraron que Gioacchino Pecci, (nombre secular del papa número 256, León XIII), se acercaba de forma peligrosa a conceptos relacionados al socialismo y que no realizaba guiños a favor de la democracia en esos momentos, un modelo político que aún era incipiente.

León XIII fue un crítico feroz del socialismo, fue defensor de los bienes, la justa distribución de la riqueza y aportó elementos fundamentales a favor de los derechos humanos. Así surge con mayor claridad el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia.

En estos tiempos que vivimos un encierro por la pandemia ocasionada por el COVID 19, es una excelente oportunidad para que nos vayamos preparando a celebrar los 130 años de la publicación de este valioso documento.

La también llamada primera encíclica social, aportó algo extraordinario de lo que hoy en día nos quejamos amargamente; propuestas y acciones concretas. No solo llamados y diagnósticos que hoy en día abundan, sino expresiones claras de un encuentro directo con el prójimo, representado siempre en el más vulnerable y débil, en el que sufre más. En esa época en el rostro del obrero, hoy en nuestros tiempos existen múltiples caras del prójimo.

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Precisamente en días pasados se han dado previsiones de las consecuencias económicas de esta crisis. Se habla que el PIB (producto interno bruto) tendrá una caída en nuestro país entre el -7% al -12%. Los efectos directos se traducen en pérdida de empleo, que tan solo en abril de este año fue de un poco más de 550,000 empleos formales según reporte del Seguro Social y se calcula podría ser al final de aproximadamente dos millones tomando también los empleos informales que abundan en la economía nacional.

Otro indicador, el más duro, es la generación de mayor pobreza extrema. Las cifras de especialistas económicos hablan de entre 7 y 12 millones de mexicanos que entrarán a ese nivel que sumados a los que viven en pobreza moderada nos hablan de más de 60 millones de mexicanos.

Si bien no es nuevo en este país la existencia de crisis económicas, pues recordemos momentos angustiantes como los finales de los sexenios de las últimas tres décadas del siglo XX, el llamado “error de diciembre”, la ocasionada por la pandemia de la gripe H1N1 de 2009, en está ocasión hay dos elementos que elevan la gravedad del problema.

Por un lado, el aumento de la inseguridad, el caso de la cifra de homicidios dolosos en los primeros cuatro meses de 2020 es según la propia autoridad de 11,535 y eso que la mayor parte de la población se encuentra resguardada en sus casas.

Y el otro elemento es que, según cifras del INEGI, el 80% de la población vive en zonas urbanas. A diferencia de crisis anteriores, el desempleo se dará en escalas mayores en las principales zonas metropolitanas. No se descarta el aumento de actos vandálicos tomando como excusa este momento.

Pero ante este panorama sombrío, existe una gran esperanza que se construye desde cada pequeño rincón de esta nación; la solidaridad. Y es que existen cientos de iniciativas que nos recuerdan principios fundamentales de nuestro espíritu cristiano, el proyecto de entrega de despensas por parte de la alianza de Cáritas con distintos organismos de la sociedad civil, Jalisco sin Hambre, el Centro de Escucha RUAJ de la Universidad Pontificia de México y las miles de misas que transmiten diariamente los sacerdotes por distintas plataformas.

Por eso vale la pena recordar una parte del numeral 41 de Rerum Novarum:Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo, prestando una ayuda tanto mayor cuanto mayor sea la libertad con que cuente en su acción; y tomen nota especialmente de esto los que tienen a su cargo velar por la salud pública”.

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