Opinión

Dignificar el trabajo en los tiempos del COVID 19

La Doctrina Social de la Iglesia siempre ha considerado que el trabajo dignifica a la persona y enaltece el sentido de la comunidad 

Precisamente en el caso de México, la influencia de la encíclica Rerum Novarum llegó no solo a los congresos y semanas sociales organizados por los entusiastas sectores obreros católicos de principios del siglo XX, sino también en la redacción del artículo 123 de la Constitución Política de 1917. 

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El diputado constituyente Francisco Elguero, representante de la ciudad de Zamora, Michoacán y en el pasado uno de los convocantes de las también llamadas “dietas” (reuniones de los círculos obreros), fue uno de los promotores de que conceptos como el salario justo, la formación de sindicatos, los horarios laborales y la relación entre trabajadores y patrones se plasmara en la ley. 

A más de cien años de la creación de la constitución de 1917, varios de estos conceptos no se han modificado pues se tiene claro que el trabajo no sólo es un derecho sino también una garantía de la realización de las personas. 

En los últimos años, la globalización y la llegada de la tecnología, en específico del Internet, ha provocado que los hábitos laborales se hayan modificado y que los distintos sectores laborales tengan que acoplarse ha dichos cambios, algunos con mayor éxito y otros con resistencias naturales. 

Precisamente dichos cambios han provocado que actividades como transacciones bancarias, pagos administrativos gubernamentales y compra de productos se puedan realizar con solo apretar un botón.  

Por eso la llegada del COVID-19 en occidente, que ha sido sorpresivo y angustiante, fue rápidamente adaptado en gran parte del mundo laboral, tomando medidas como el llamado “home office” o trabajo a distancia en la mayor parte de las empresas que realizan actividades cuyas dinámicas internas así lo permiten. 

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Entonces surge una pregunta, ¿Cómo adaptar los derechos laborales y la dignificación del trabajador? Y es que hemos visto cómo en algunas empresas han aumentado el número de reuniones, los horarios de trabajo, las exigencias de plazos de proyectos y disminuido el trato humano. Las consecuencias son mayor estrés, depresión, planes deficientes y explotación laboral 

El punto central es que se deben respetar las reglas laborales por parte de los integrantes de las cadenas de una empresa, por ejemplo dar horarios específicos para las actividades, mayor comprensión ante los problemas personales de los trabajadores, tomar en cuenta que algunos no tienen equipos técnicos eficientes, buena señal e incluso espacio en sus hogares, además de que la convivencia familiar tiene sus complicaciones muy particulares, pues puede dar que hijos o parejas tomen clases a distancia. 

La fórmula a esta dinámica es no olvidar la dignidad de la persona, que ésta no es un simple número ni tampoco un elemento sin historia de vida. 

También hay que tener mayor comprensión con el empresario, en especial el micro y pequeño quien se ha quedado indefenso ante esta pandemia, pues no ha recibido los apoyos gubernamentales que ante una crisis así se entendería podría recibir.         

Por último, hay que también reconocer el esfuerzo laboral de personal médico, limpieza y de seguridad pública por mencionar algunos que están entregando su vida al prójimo. Es precisamente con su testimonio que también se dignifica al trabajo.    

*El autor es Maestro en Doctrina Social Cristiana, director de la Red de Comunicadores (REC) y analista político.  

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