Opinión

Otro espectáculo

Las declaraciones al periódico El Universal de la persona que vende hamburguesas bajo un puente de Uruapan en el que fueron colgados, desmembrados, torturados, hechos pedazos, varios cuerpos humanos, nos dejan fríos de terror. Ya la muerte no significa nada para el llamado “México profundo”. Por 5,000 pesos un sicario puede matar a quien se lo pidan.  El vendedor de hamburguesas de Uruapan siguió vendiendo. “Ya no me da miedo nada”, dijo al rotativo.

Con un promedio de cien muertes violentas al día, México es hoy una jungla.  Y lo que es peor: la muerte y la violencia, por su difusión en internet, se ha vuelto, como diría Michela Marzano, en “un espectáculo”. Bajo el paraguas del derecho de los ciudadanos a ser informados y en nombre de la libertad de información, explica Marzano, “se hacen públicas imágenes abrumadoras”. Y eso lleva, en sí mismo, un grave problema ético: “¿Hay que mostrarlo todo? ¿Es realmente información lo que busca el que ve estas imágenes?”

El asunto va más allá: provoca la indiferencia.  Los asesinos –como sucede con los tiradores masivos en Estados Unidos—buscan notoriedad.  Y si colgar cuerpos descabezados en un puente genera más que un leve asombro en los viandantes o en los cibernautas, el listón de bestialidad (con permiso de las bestias) se eleva hasta el infinito. Y lo peor: el odio se extiende como una mancha de aceite en el corazón líquido de los espectadores más jóvenes de entre nosotros.

*Jaime Septién es periodista y director del periódico católico El Observador de la actualidad.