Trigo y cizaña

Niños, tecnología y porno

Con la pandemia los casos de abuso sexual dentro de las familias se han multiplicado. No son únicamente personas adultas quienes cometen este tipo de delitos dentro de los muros del hogar, sino también entre los jóvenes y adolescentes. Recientemente conocí el caso de una niña de nueve años que fue abusada por su primo de catorce. Al enterarse, los padres de la víctima y del victimario quedaron conmocionados y la unidad familiar se hizo polvo.

Situaciones como ésta se están multiplicando en el mundo de los adolescentes, quienes carecen de pleno control de sus emociones y facultades sexuales, y se dejan guiar únicamente por instintos que se pueden volver incontrolables. Las consecuencias pueden ser terribles.

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En 1902 santa María Goretti, a sus 12 años, falleció apuñalada por Alejandro Serenelli, un chico de 20 años que le gustaba empapelar su habitación con imágenes obscenas y quien era aficionado a las lecturas eróticas. La pornografía, que había despertado obsesiones sexuales en él, lo llevó a intentar violar a la niña y ésta, al resistirse, terminó siendo su víctima mortal.

Hoy en día, la tecnología es parte de la vida de los niños y adolescentes. Ellos crecieron con internet y telefonía celular. Utilizan videojuegos, chats, videochats, correos electrónicos, mensajes instantáneos, Twitter, Facebook, Tik Tok, Snapchat, YouTube y Face Time. Lo hacen con sus móviles, tabletas, reproductores MP3 y Skype.

Los padres de familia se quedan asombrados de las habilidades que sus hijos tienen para manejar la tecnología. Quizá también se quedarían pasmados al saber que los niños, en promedio, empiezan a ver imágenes pornográficas a los once años de edad, según lo informa Family Safe Media.

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La industria del porno es astuta como una serpiente. Sabe que, así como el narcotráfico necesita conseguir nuevos adictos a las drogas, también se necesita conseguir nuevos adictos a la pornografía. Para ello no hay nada mejor que apoderarse de las frágiles mentes de los niños. Bastará mostrarles unas cuantas imágenes para que, por curiosidad, vuelvan una y otra vez, y así queden atrapados en un vicio que les puede durar toda la vida. Todo aparato electrónico con acceso a internet es un portal para el material pornográfico. Haciendo adictos al porno a las nuevas generaciones, saben que sus ganancias se multiplican por millones de dólares. Y lo están consiguiendo.

Existen leyes para proteger a los menores de edad contra la pornografía, pero son leyes que prácticamente no sirven para nada. Antes de acceder a una página porno, se pregunta a la persona si es mayor de 18 años. Si se hace click en “sí”, la persona accederá a la página web. Si se hace click en “no”, el sistema lo desviará de la página. Es una crasa tontería. Cuando un adolescente de 15 años tiene la curiosidad de entrar a una página porno, ¿qué responderá a esa pregunta sobre su mayoría de edad? Es obvio que el chico o la chica mentirán ya que no se les pedirá ninguna identificación.

A la edad de 18 años, el 90% de los varones han visto pornografía en internet; el 83% ha visto sexo en grupo; el 69% ha visto porno homosexual; el 29% ha dado libremente su domicilio de casa online; el 14% ha proporcionado su correo electrónico de manera libre; el 15% ha visto pornografía infantil (Family Safe Media, 2007). Esas eran estadísticas de hace 14 años. Seguramente se quedan abajo para lo que hoy está sucediendo en la vida de nuestros jóvenes.

Aunque puede parecer que tenemos la batalla perdida por la inocencia de los niños y adolescentes, sin embargo hay esperanza. Existen programas educativos con perspectiva de familia para ayudar a los padres a educar en la sexualidad a sus hijos. De lo más recomendable es un programa llamado “Guardianet” que ofrece cursos online.

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Existe también “Formando corazones”, producido por VIFAC, que está siendo aplicado en diversas escuelas del Estado de Chihuahua con grandes éxitos. En nuestra diócesis de Ciudad Juárez y en otras de México se ofrece también la Certificación Humanae Vitae para adolescentes y jóvenes.

Solamente a través del conocimiento de los terribles daños de la cultura del porno, que hoy invade a los adolescentes, y a través de una educación en la sexualidad, podremos derrotar, a largo plazo, la cultura de la muerte.

El Pbro. Eduardo Hayen es un sacerdote de la Diócesis de Ciudad Juárez y director del periódico Presencia.

Los artículos de opinión son responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

Artículo publicado originalmente en el blog del P. Eduardo Hayen

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