Opinión

Mochila Segura, una medida estéril

La violencia en México es una dolorosa realidad que ha permeado en todos los rincones, desde las grandes ciudades hasta los pequeños pueblos, en todos los estratos sociales y en todos los ambientes; se manifiesta en las calles, en las casas y, por supuesto, también en las escuelas, sin importar que sean públicas o particulares.

En las últimas décadas nos hemos familiarizado con la “nota roja” a la que antes se dedicaba un pequeño espacio en los periódicos y los noticieros, pero que hoy ocupa buena parte de su contenido. Incluso a veces celebramos, nos divierten y hasta se viralizan en redes sociales las conductas violentas de algunos ciudadanos: “lady tal”o “lord tal”.

En este entorno es donde han crecido nuestros niños y adolescentes, ha convivido con la violencia en los ambientes en que se desenvuelven y la escuela no es la excepción.

Los últimos sucesos han despertado nuevamente el interés de que se reactive y se haga obligatorio para todas las escuelas el operativo “mochila segura” que se implementó desde el 2001 sin resultados visibles.

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Hace algunos años, siendo presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia, visité al director de una secundaria pública en la que habían realizado el operativo esa mañana. Me mostró el resultado de la revisión: una pistola, cuchillos, dagas, navajas y una serie de pequeños instrumentos fabricados para agredir, que yo no conocía. A pesar de que los alumnos sabían que esporádicamente habría más revisiones, el hallazgo de armas y objetos punzocortantes nunca disminuyó.

Lo cierto es que, a pesar de las buenas intenciones de algunas autoridades por frenar la violencia dentro de las escuelas, “mochila segura” resulta insuficiente y poco eficaz porque no enfrenta ni resuelve el problema de fondo. El grado de violencia que vivimos en las escuelas y en todo México, nos habla de la carencia de valores en nuestra sociedad. Ningún operativo, reglamento o protocolo, será exitoso para contenerla si nos olvidamos de la Familia que, como base de la sociedad, es la primera escuela del niño, donde se cultiva la paz, se hacen vida los valores y se forman los ciudadanos.

Los padres de familia hemos perdido el rumbo. Las nuevas generaciones de papás han sido víctimas del relativismo, de una educación escolar que eliminó el civismo y la ética de su plan curricular, del consumismo y de corrientes psicológicas que olvidan la trascendencia y el valor de los hijos en aras de la “realización personal”; pero que indudablemente aman a sus hijos y quieren para ellos un mundo mejor.

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Aunque sigamos trabajando para ello, no podemos esperar a que se den las condiciones óptimas, a que se impulsen políticas profamilia, y a un gobierno sensible a estas necesidades.

Es imperante el compromiso de la sociedad organizada, de una acción comprometida en favor de la formación de los padres de familia a través de cursos, escuelas para padres y talleres que les orienten para ejercer eficazmente la mejor de las profesiones y la única en que son insustituibles: ser papás.

El Secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán, ha hecho un llamado a los padres de familia a vigilar a sus hijos, pero también es indispensable que se permita y estimule la participación de los papás dentro de los planteles.

Si los gobiernos insistieran en su implementación, el operativo “Mochila Segura” debe contar siempre con la autorización, intervención y vigilancia de las sociedades de padres de familia, en representación de los papás de los alumnos, que son los primeros responsables de la educación de sus hijos.

Por esto, esto nunca será suficiente trabajar por erradicar la violencia si no iniciamos la siembra de la cultura de la paz. De esta manera, la “operación mochila” iniciará desde el hogar.

Si no empezamos desde nuestras casas, cualquier esfuerzo para combatir la violencia en México será un paliativo inútil, una aspirina para combatir un cáncer, pues la paz se construye en la Familia.

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