Opinión

Mi experiencia pastoral en medio del COVID-19

Gracias a Dios, he estado bien de salud, con buen ánimo y lleno de confianza en Dios; me he cuidado (y la comunidad me ha cuidado), permaneciendo en la parroquia, saliendo sólo a lo necesario e indispensable. Acompañando por teléfono y redes sociales a la comunidad. He estado atento a las directivas de nuestro gobierno y de nuestros pastores, tratando de atender a mis feligreses en lo que es posible; creando conciencia de la necesidad de cuidarnos unos a otros.

Las personas de la comunidad, muy atentas y respetuosas, con mucha consciencia y solidaridad, han seguido todas las indicaciones y colaborando para el cuidado de todos. Ante las medidas dictadas y en la forma de ejecutarlas, no hubo ningún conflicto. Preocupados porque se cerró, y precavidos y cuidadosos, cuando se abrió.


A mediados de diciembre, hubo tristeza nuevamente por el Semáforo ROJO, pero con “resignación”, los fieles asumieron que era necesario, por el descuido de muchos. Continuamente la insistencia “Cuídese Padre”. Muy bellos y preocupados por los demás, por mí y por ellos; resalto, con dolor y preocupación, pero llenos de esperanza y confianza en Dios.

Algunos grupos de la Pastoral han seguido trabajando en reuniones virtuales; la Catequesis infantil, se interrumpió, de acuerdo con catequistas y papás. Yo incrementé la presencia en mi face personal y en el de la Parroquia. Quizás por ser de la generación pasada, las Misas por las redes no he querido transmitirla, no me gusta hablarle a la cámara, necesito ver físicamente personas y rostros, los he remitido a las páginas web de la Arquidiócesis Primada de México, Basílica, Catedral y Desde la Fe.

He colaborado en varios momentos con artículos en Desde la fe, ofreciéndoles apoyo en algunos momentos y atendiendo, a pedido de Comunicación, los reporteros y la prensa en torno al aniversario de los sismos, en septiembre. Con Monseñor Samaniego, trabajamos varias reuniones para ir definiendo el plan de trabajo de la Dimensión de Bienes Eclesiásticos de la APM, que incluye la creación de un equipo de asesores especialistas en la materia, que está en proceso.

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Todavía en Rojo y con el sano retorno, se han incrementado las reuniones virtuales de seguimiento a Reconstrucción y Restauración de las iglesias dañadas por el Sismo de 2017, ya sea para temas generales o de temas particulares, entre las autoridades de Cultura y los sacerdotes responsables con sus comunidades.

Las celebraciones litúrgicas, al abrir en Naranja, con todas las medidas pertinentes, se desarrollaron muy bien. La parroquia al 30% me permite 100 fieles; la respuesta de los fieles fue de seguir cuidándose, no se llenaba, solamente tres veces tuve que cerrar la reja, para no sobrepasar el cupo. La Comunión en la mano, el cubrebocas obligatorio, la sana distancia, se han cumplido. Termómetro, tapete y gel, siempre estuvo y sin problemas, con equipos de apoyo. Ambiente ventilado, con una entrada y una salida (la parroquia lo permite). Continúa sanitización de los espacios físicos entre Misa y Misa.

Con apoyo de los fieles, pusimos señalizaciones de entrada y salida, marcas en el piso con sana distancia y flechas de circulación, separación de bancas, marcadas para 2 personas por banca (una en cada orilla) y separé las que “sobraron”, para aislar, de paso las imágenes y evitar que las tocaran.

En la apertura sólo mantuve las Misas Dominicales y alguna Celebración los sábados. Entre semana, por la gente mayor y su vulnerabilidad, opte por no celebrar y evitar que las personas con riesgo estuvieran viniendo y se arriesgaran al contagio. Algunos Bautismos, incluso una boda, según indicaciones, sin problema.

La economía, ¡Dios provee! Batallé un poco, pero muchas personas conscientes y caritativas se acercaron y estuvieron apoyándome, también mis familiares me estuvieron haciendo fuerte, para no gravar a la comunidad. Alcanzó para los gastos, para el mantenimiento, para el personal que presta un servicio, para cumplir las obligaciones fiscales, etc.

Sobre la cooperación solidaria a la Curia, en este tiempo que estuvo abierto, aporté un poco a unos meses (como había platicado con P. Efraín, el Ecónomo) para ayudar al arzobispado; en estas 3 semanas pasadas recibí unos Diezmos, inmediatamente entregué a la Curia, para ayudar un poco a las necesidades.

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Las personas de la comunidad ayudaron con unas lonas para indicar todo lo necesario para la reapertura y la participación en las celebraciones que puse en la reja. Insistí que asistieran lo menos a la oficina, que todo fuera por llamadas y sólo acudir cuando fuera necesario y de ser posible con cita previa, para no dar vueltas y vueltas. Habilité un teléfono para comunicación a través de mensajes de WhatsApp e insistí en el uso del correo electrónico parroquial. Una persona apoyó con termómetros infrarrojos, otras con gel, otra con pedestales mecánicos dispensadores del gel y otras ayudas para la prevención, etc.

Ahora, que nuevamente debemos suspender las pocas Ceremonias y las Misas con fieles, retomaré esa confianza en Dios providente, que no nos faltará nada, confío y sigo lleno de esperanza.

Ayudé a mi familia en una pequeña empresa de blancos, por un lado agradecer el apoyo que han dado y, sobre todo, me ayudó a levantarme el ánimo, el espíritu emocional en el que podía caer por el encierro, al reducir mucho el ritmo de trabajo que traía. Dios sabe cómo hace las cosas. Me enseñó mucho y me recordó las enseñanzas de mi padre y de la Iglesia, Dios nunca nos deja; aquello que predicamos y que continuamente olvidamos, Dios es quien me da la fortaleza, mantiene mi fe y mi confianza.  Por eso decía y digo, todo bien y nada me ha faltado.

Este tiempo, fuera de la parroquia, en la encomienda del Sr. Arzobispo de la Restauración y Reconstrucción, sumando la Dimensión de Bienes Culturales (antiguo Arte Sacro), me ha tenido bastante ocupado: algunas visitas, muchas reuniones virtuales, muchas consultas y enlaces, para que las obras no pararan; incluso asistí a algunas entregas de obras terminadas y la promesa de que pronto entregaran más, junto con el inicio ya de obras en otras. Todo es lento, por las complicaciones que conlleva, pero hay interés y preocupación de todas las autoridades y son visibles muchos avances.

Como algo especial estuve con lo del siniestro-incendio de la Parroquia de la Santa Veracruz, en la emergencia con respuesta rápida y, se le está dando seguimiento. Hay un proyecto de atención a varios templos del Centro Histórico por parte del INAH y el Fideicomiso del Centro Histórico, esto va a acelerar los proyectos, que es lo más complicado, y la intervención será más rápida. Etc.

A nivel de Decanato, con los hermanos sacerdotes vecinos, hemos tratado de alentarnos y estar “moliendo” un poco para mantener la comunicación y evitar el desánimo, que no estamos solos y compartir un poco nuestras preocupaciones y alentarnos en la comunión y la entrega. En reuniones virtuales, ayudarnos con nuestras experiencias, temores y esperanzas; algunas veces sólo desahogarnos y seguir trabajando por el Reino. De esta situación de Pandemia, salgo enriquecido y confiado, aún con lo que le falta.

*El P. Salvador Barba es el enlace para la Reconstrucción de los Templos de la Arquidiócesis Primada de México y Director de la Dimensión de Bienes Culturales de la misma Arquidiócesis.

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