Opinión

Lo que nos faltaba

Por si fueran pocos los problemas que vivimos en México, graves, muy graves todos, hoy el embate en contra de la vida, de la familia y de la libertad de educación, es encarnizado.

Después de muchos intentos que han sido detenidos por las acciones bien coordinadas de la sociedad civil organizada y algunos políticos, hoy el aborto se convierte en una amenaza a punto de cumplirse, y las ideologías se imponen por la vía legal a la naturaleza misma, al derecho natural, e incluso, al derecho común.

Se dice que quienes impulsan la “Cultura de la muerte” han tenido la estrategia de avanzar dos o tres pasos, y ante la reacción, retroceden uno o dos, pero ya han ganado terreno; hoy, a fuerza de su implacable andar, nos tienen prácticamente contra la pared.

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Esperamos, trabajamos y oramos por detener esta embestida; la defensa organizada ha sido un muy buen instrumento para exhibir y contener una gran cantidad de iniciativas de ley en diferentes estados de la República, con las que han pretendido sorprendernos, y también para crear consciencia de la necesidad de la participación social, la denuncia y la unidad.

Pero también es necesario analizar qué tan preparados estamos para enfrentar leyes a favor del aborto, la eutanasia, y la imposición de las ideologías en las escuelas por encima de los derechos de los papás, pues no podemos cerrar los ojos ante una amenaza que también crece, se fortalece y manipula los Poderes de la Federación para lograr sus objetivos.

Considero que hay dos tareas urgentes:

La defensa más eficaz es y será la que se realice desde las raíces de la familia: fuente de vida, educadora por excelencia y formadora de una sociedad sana y responsable. Es en esta institución donde comenzó el ataque de la “Cultura de la muerte”, infectándola con el sutil veneno de las ideologías y sus verdades a medias.

Es en la familia donde se reafirma la dignidad de la mujer y su reconocimiento e impulso en todos los ámbitos: social, político, científico, etc. y donde debe descubrir que su papel, como esposa, madre y educadora, lejos de estar en pugna con una realización personal, le otorga un poder del que sólo ella es capaz.

Es en la familia donde se forman a las personas con los valores y las convicciones lo suficientemente fuertes para tomar las decisiones correctas y respetuosas de la dignidad de la persona y de los derechos humanos por encima de cualquier ley vigente que pretenda pisotearlos.

La otra tarea es la construcción desde el ámbito de la Educación formal. Conocemos las amenazas y las limitaciones de la educación pública. Fortalecer la formación de los maestros desde las Escuelas Normales es vital para recuperar el terreno perdido. Un buen maestro forja a miles de buenos ciudadanos.

La alianza entre padres de familia, maestros y directivos es imprescindible para la recta formación de las nuevas generaciones, la cual tiene horizontes mucho más elevados y profundos que los programas de estudio obligatorios.

No digo que sea fácil, es una tarea que comienza con la siembra, esperando todo el proceso desde la germinación hasta la recolección de los frutos; es silenciosa y exige compromiso y constancia. La Iglesia, siempre Madre, nos proporciona muchos elementos para iniciar el camino de la esperanza y la construcción de la paz.

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”, Martín Luther King.

*Consuelo Mendoza García es ex presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia  y presidenta de Alianza Iberoamericana de la Familia.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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