Opinión

¿Es correcto ponerle cubrebocas al Niño Dios?

En una iglesia, un sacerdote decidió vestir al Niño Dios con el equipo de protección que utiliza el personal de salud en la lucha contra el COVID-19.

Esto –ha dicho el párroco– es para reforzar en los fieles la importancia de guardar las medidas sanitarias y recordarles que Dios está con nosotros en este momento tan difícil de la pandemia.

Sin embargo, algunas personas se preguntan: ¿Es correcto ponerle cubrebocas al Niño Dios? Esta pregunta es muy interesante y me la trato de responder cada 2 de febrero en la Fiesta de la Presentación del Señor, la Candelaria, cuando principalmente algunos fieles, visten al Niño Dios con atuendos que nada tienen que ver con su divinidad.

Lo primero que debemos señalar es que las imágenes religiosas representan y nos ayudan a acercarnos a los misterios de Dios, que se nos han ido revelando, así como a aquellas personas que, a lo largo de la historia, han vivido el Evangelio, y que con su vida nos han dado testimonio y han alcanzado la Salvación.

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Los católicos no somos idolatras, la adoración es sólo y únicamente a Dios, que no podemos abarcar y menos encerrar en una obra hecha por manos humanas; a los santos se les venera, y buscamos imitar sus virtudes (ellos pudieron, ¡yo puedo!).

Como hombres, en las imágenes buscamos representar de manera visible y palpable lo invisible y lo intrascendente. La imagen nos lleva y nos acerca a aquellos que están lejos y que sentimos cerca.

Nos gusta tener no sólo una, sino muchas fotos de quienes queremos y de los momentos que nos acercan a los demás, que nos traen alegría, e incluso tristeza. ¡Somos de imágenes!

Segundo, centrémonos en las imágenes del Niño Dios, de Jesús infante. Son representación y recuerdo permanente de que nuestro Redentor entró en nuestra historia asumiendo nuestra propia carne, “semejante en todo a los hombres, menos en el pecado”.

Tenemos muchas imágenes del Niño Dios, en distintas posturas, surgidas de la imaginación de los hombres, y a lo largo de la historia, siempre centradas en el amor de Dios, que “se humilló, haciéndose hombre, para salvar a los hombres”.

Ayer y hoy nos emociona ver esa sencillez y humildad, para, con su amor, dar la libertad verdadera a toda la humanidad.

Toma en cuenta estos consejos para vestir al Niño Dios el Día de la Candelaria.

Toma en cuenta estos consejos para vestir al Niño Dios el Día de la Candelaria.

¿Cómo vestir al Niño Dios?

Tercero, ¿cómo vestir al Niño Dios? Pues de Niño, respetando su dignidad de ser Jesús, el Verbo que se hizo carne. No podemos ni debemos vestirlo como un muñequito o del Santo de mi devoción, por ejemplo, de san Judas Tadeo (Jesús es quien da la Santidad) ni como de una Virgen muy querida (Jesús es el Hijo de Dios, concebido en el seno virginal de María).

Vistámoslo de Niño y de Jesús, su identidad propia y a quien representa, con todo el respeto y amor.

Jugando, y muy en serio, cada Fiesta de la Candelaria digo a mi comunidad: “ni le quiten su personalidad ni le cambien el sexo, es Jesús el Hijo de Dios, hecho hombre”.

La simple pregunta y la respuesta es clara, vístelo y cuídalo, como al Niño Jesús que representa.

Pero partiendo de estos antecedentes, ¿es correcto ponerle a una imagen del Niño Jesús un cubrebocas y vestirle un traje clínico COVID?

Los tiempos que estamos viviendo nos han llevado a buscar consuelo en todo, a tomar medidas, incluso exageradas, para ayudar para nuestros fieles. Y si hemos vestido con hermosos, finos y caros ropajes las imágenes del Niño Jesús, y si Jesús ha asumido todos nuestros dolores en la cruz, ¿por qué no verlo en estos momentos con cubrebocas, invitándonos de alguna manera a cuidarnos y a cuidar de los demás?

Ay padre, ¡es usted muy liberal! A esto debo decir: Jesús nos trae la libertad y nos invita a conquistarla, nos invita a disfrutar la vida y a no estar buscando cosas malas donde no las hay.
La verdad -nos ha dicho Jesús- nos hará libres.

Una última precisión, si algo no te gusta o no entiendes, no por eso es malo; si algo es malo, no porque “todos” lo digan va a ser bueno y, lo bueno ahí está, para el que quiera acercarse con buen corazón y sin prejuicios.

*El P. Salvador Barba es el enlace para la Reconstrucción de los Templos de la Arquidiócesis Primada de México y colaborador de la Dimensión de Bienes Eclesiásticos de la misma Arquidiócesis.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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