Historias ciudadanas

El regalo de la vida

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoged, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”.

Deuteronomio 30:19

 

San Agustín afirmaba que nuestras vidas pertenecen a Dios, por lo que no es nuestro derecho acabar con ellas. Ante el riesgo de pérdida de vida por mano propia, retomar el camino con ayuda de especialistas y con la vista puesta en Dios puede detener la mano que intente herir el cuerpo que nos fue otorgado para vivir.

Ahora que se conmemora el Día Internacional para la Prevención del Suicidio, este sábado 10, es necesario reflexionar sobre aquellos factores que desencadenan estas conductas, cómo identificar a quienes los enfrentan y qué podemos hacer, como comunidad, para ayudarles.

La Organización Mundial de la Salud estima que cada año, 703 mil personas se quitan la vida en el mundo, y en América representa la tercera causa de muerte. En México, de acuerdo con el INEGI, el año pasado se registraron tres suicidios diarios, de los cuales el 80% fueron de hombres.

Desde la Ciudad de México hasta lugares del mundo tan lejanos como Chile, Holanda o Rusia, este año en el Consejo Ciudadano hemos brindado Primeros Auxilios Psicológicos a 4 mil 353 personas que se encontraban en una situación en la que vivir parecía no ser una alternativa.

Una parte de la población mundial, sobre todo las y los jóvenes después de la pandemia, sienten desesperanza porque sus días están nublados por conflictos en el seno familiar, con su pareja, tristeza profunda y soledad ante el duelo, por ser víctimas de violencia o delitos sexuales y a causa de trastornos psiquiátricos que no han sido atendidos o detectados.

Ante esas situaciones, la existencia misma puede parecer un calvario. En el Consejo Ciudadano nos preocupamos no solo por la persona quien, producto de la depresión profunda tienen pensamientos suicidas, sino también por su familia. El punto del que parte nuestro trabajo es el amor al prójimo y la empatía por su sufrimiento; por eso no abandonamos a nadie en el camino de búsqueda de esperanza y en el proceso para recibir el tratamiento psicoemocional que requiere.

Aunque la mayoría de quienes buscan ayuda lo hacen por su propia voluntad, hay un 10% de casos que son reportados por familiares y amistades, quienes al saber que ellas o ellos pasaban por problemas emocionales pudieron ver esas señales, a veces imperceptibles, como cambios de humor repentinos y constantes, irritabilidad, pérdida de interés en lo que les gustaba, aislamiento de su comunidad o despedidas inusuales.

El amor que se muestra al poner atención a nuestros seres queridos puede salvar su vida al acercarles a programas como DISÍ a la Vida, del Consejo Ciudadano, que por medio del Chat de Confianza y la Línea de Seguridad, 55 5533 5533, ofrece contención emocional 24/7, gratuita, confidencial, a todo el país y, sobre todo, sin juzgar.

Para los católicos, elegir un final a mano propia no es un acto de libre albedrío sino una enfermedad del alma, así como una derrota ante una tormenta que el corazón no fue capaz de vencer. Pero contrario a juzgar a quien no encuentra fuerzas para seguir, es necesario mostrar compasión y acercarle ayuda antes de que suceda una tragedia.

 

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Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

 

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