Opinión

El fenómeno de los refugiados alcanza cifras históricas

Actualmente las personas refugiadas en el mundo representan un alto número nunca antes visto y en los últimos años va en aumento más acelerado. La Red latinoamericana Clamor, adscrita a CELAM, afirma en un comunicado, que de acuerdo con las más recientes cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUR), al día de hoy, se ha alcanzado la cifra máxima histórica de personas que se han visto forzadas a abandonar sus países a nivel mundial, llegando a los 100 millones de personas.

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En 2019, el número de personas refugiadas en el mundo ascendía a 26 millones según el mismo ACNUR. Esta cifra se ha visto rebasada por mucho debido a diversos conflictos internos, devastaciones debidas al climático, persecuciones por violencia social y política, y especialmente por la guerra. En Ucrania, hasta mayo pasado había ya 8 millones de desplazados por la invasión rusa.




En América Latina, las cifras también son preocupantes. Las personas que se ven obligadas a dejar sus lugares de origen por motivos políticos, económicos, medioambientales y de inseguridad social experimentan un constante éxodo y regularmente no tiene el respaldo de los países por donde transitan ni donde solicitan el asilo o refugio. Por ello, en muchas partes del mundo la figura del refugiado está en crisis, ya que a pesar de tener condiciones para que las personas sean consideradas refugiadas son unas pocas las que son reconocidas como tales.

La tragedia de los migrantes y refugiados emerge en la época Moderna. En el siglo XIX se apuntalaba ya, lo que a inicios del siglo XX explotó primeramente en Europa tras los Genocidios y las Guerras Mundiales: el éxodo masivo de miles de personas, causado por problemas bélicos y genocidas. Los refugiados aparecieron en el mapa mundial. Desde su origen, en los desplazamientos forzados, se pueden encontrar familias completas obligadas a huir para salvaguardar la vida, sin duda familia completas de refugiados.

En ese contexto, el Papa Pío XII, incomprendido muchas veces hasta la denostación, escribió magistralmente en 1952, tras las devastaciones de las dos Guerras Mundiales, lo que se considera la Carta Magna de los refugiados en el magisterio sobre migraciones: Exsul Familia.

En efecto, Pío XII reconoce en la Familia de Nazaret, obligada a huir a Egipto, una familia de refugiados. Jesús, María y José fueron perseguidos políticos del rey Herodes quien había amenazado quitarles la vida. Por eso la Sagrada Familia de Nazaret es el modelo de los refugiados, personas obligadas a huir.

Por ello, el papa Pío XII dice que la Familia de Nazaret “es modelo y apoyo de todos los emigrantes y peregrinos de todas las edades y todos los países, de todos los refugiados de cualquier condición que, presionados por la persecución o la necesidad, se ven obligados a abandonar la patria, los queridos parientes, los vecinos, los dulces amigos, y a ir a una tierra extranjera”.

Entre los aportes de Exsul Familia más significativos, está la afirmación de que todas las personas tenemos el derecho a migrar. Esta idea ha sido base en la promoción y defensa de los derechos humanos de migrantes y refugiados. Posteriormente a este derecho se le une el derecho a no migrar, es decir, el derecho que todas las personas tenemos para tener condiciones mínimas de desarrollo, paz social y posibilidades indispensables para tener vida digna en nuestro lugar de origen.

El magisterio sobre migrantes se ha desarrollado en torno a la idea de la dignidad de la personas humana y sus derechos, al principio de la destinación universal de los bienes y la solidaridad y hospitalidad que debemos a las personas en estas situaciones de gran necesidad por preservar la vida y la integridad de su de su familia.

El papa Francisco ha desarrollado su magisterio en torno a los 4 verbos propuestos en el Pacto Global sobre Refugiados en 2018: Acoger, proteger, promover e integrar, con acciones pastorales concretas y con propuestas de políticas regionales y políticas públicas internas a los países para ir construyendo sociedad inclusivas y de acogida e integración a  personas que por diversos motivos se han visto obligados a huir.

Como humanidad nos corresponde ir creando lazos de solidaridad, de acogida y de respeto a los derechos de los más vulnerables.