Historias ciudadanas

El consuelo del doliente

La muerte de una persona querida o cercana, el fin de una relación, la enfermedad, la pérdida de un miembro del cuerpo, un despido laboral… Hay muchas situaciones que provocan duelo y, en cada una, se experimentan sentimientos complejos e intensos.

Desde la negación y la tristeza profunda hasta la rabia, impotencia o desconsuelo, quien atraviesa por un duelo enfrenta una tormenta en su alma difícil de superar. Es entonces que la red de apoyo que conforman las amistades y familiares, así como la ayuda profesional y la fe, son poderosos aliados para el doliente, para que poco a poco puede encontrar la esperanza, adaptarse a su nueva realidad y mirar de cara al futuro con una actitud optimista.

Permitirse a uno mismo estar mal por un tiempo, sentirse y ser vulnerable es natural tras una pérdida. Negar el dolor o evitarlo, por el contrario, puede ser dañino, pues de una u otra, sea a través de una enfermedad física o mental, saldrá a la superficie.

El duelo no sale de la noche a la mañana, es un arduo proceso de sanación, donde la fe proporciona fortaleza, sosiego y serenidad. El sufrimiento no es la estación final, sino parte del camino de la vida, donde la oración es fundamental para asumir y aceptar la pérdida.

Es en esos momentos cuando cobra relevancia el mensaje que el Papa Francisco dio en la Audiencia general de 2013: “La resurrección de Jesús no da solo la certeza de la vida más allá de la muerte, sino que ilumina también el misterio mismo de la muerte de cada uno de nosotros. Si vivimos unidos a Jesús, fieles a Él, seremos capaces de afrontar con esperanza y serenidad, incluso, el paso de la muerte”.

Una fe madura aligera el peso de la pérdida, da esperanza y permite encontrarle sentido, y se puede fortalecer con el apoyo comunitario o de profesionales. El Consejo Ciudadano de la Ciudad de México ofrece contención emocional, terapias y talleres para procesar el duelo, en su Línea Seguridad y Chat de Confianza, 55 5533 5533, o en sus sedes de las alcaldías Iztapalapa, Azcapotzalco y Benito Juárez.

Los creyentes saben que después de la muerte a los seres humanos nos espera la trascendencia eterna y esta vida es un camino de acercamiento a Dios. Las situaciones de dolor, pérdida, adversidad y sufrimiento se ven como pruebas y no implican una despedida definitiva.

La fe católica y una guía profesional son herramientas poderosas para procesar la nueva realidad y aceptarla con serenidad.

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*Los artículos de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

 

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