Opinión

¡“Concretezza”!

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Durante tres días de la semana pasada, los obispos de México, conectados entre 110 y 120 en forma virtual, nos encontramos para reflexionar sobre los retos pastorales que nos plantea el virus SARS-CoV2. Hubo interesantes exposiciones, intercambio de experiencias y tiempos de oración. En varios momentos, pudieron conectarse también muchas otras personas, sacerdotes, religiosas y laicos.

Un sacerdote argentino, Augusto Zampini, miembro de la Comisión que nombró el Papa Francisco para que la Iglesia responda adecuadamente al COVID-19, en el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, nos platicó que, en una reunión con el Papa, éste les dijo: ¡“Concretezza”!; es decir, propongan y hagan cosas concretas. En otras palabras, déjense de sólo discursos y elucubraciones, y realicen acciones que sirvan directamente a la solución del problema humano por esta pandemia. Es lo que él ha hecho: además de orar y predicar, ha enviado respiradores artificiales y otros implementos médicos a varias partes del mundo, no porque él sea rico, sino para compartir las ayudas que le llegan.

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Es una advertencia muy oportuna. Porque algunos somos muy dados a hablar, discutir y hacer buenos discursos, pero no compartimos lo que tenemos. Como un hermano obispo, a quien se le pidió que platicara lo que se ha hecho en su diócesis ante esta emergencia, y todo su tiempo lo dedicó a recordar cosas de fe y de historia, ciertamente importantes, pero sin mencionar acciones concretas que hubieran llevado a cabo, y ciertamente las ha habido. Quizá no comprendió lo que se le pidió.

Somos muy dados a filosofar, teologizar, buscar explicaciones de todo, dar consejos abstractos, a veces darnos palmaditas de ánimo, pero no todos abren su cartera para compartir de su propio dinero algo a hermanos obispos, a sacerdotes y a feligreses que están pasando graves carencias para sobrevivir. Mientras no compartamos lo que tenemos, todo se queda en ideas y en el aire. ¡Concretezza!

He conocido a miembros de organizaciones no gubernamentales que hablan mucho de los pobres y luchan por sus derechos, en particular por los indígenas, para lo cual reciben cuantiosos apoyos económicos y gozan de buenos sueldos, pero nada comparten de sus propios recursos. Hablan y hablan, pero nada concreto aportan. En cambio, cuando estuve en Chiapas, algunos hermanos obispos, sin pedírselo, me apoyaban con recursos económicos. Así, pude realizar mi misión sin graves angustias. ¡Concretezza!

Pensar

De Jesús, los evangelistas relatan su oración y sus predicaciones, pero también su cercanía afectiva y efectiva a los aquejados por diversos males: “Todos los que tenían enfermos con diferentes males, los llevaron a Jesús, y él los sanaba imponiendo las manos sobre cada uno de ellos” (Lc 4,40). Con razón San Pedro resume así la vida de Jesús: “Pasó haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el Diablo” (Hech 10,38). Es por ello que Jesús nos advierte que seremos juzgados de lo que hayamos hecho o no por los que sufren. Eso es lo que cuenta en definitiva, no muchas doctrinas y razones (Cf Mt 25,31-46; 1 Jn 3,17-18; Sant 2,14-17). ¡Concretezza!

El Papa Francisco, en su Exhortación Evangelii gaudium, dice: “Nuestra historia de Iglesia es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa… En cambio, nos entretenemos vanidosos hablando sobre «lo que habría que hacer» –el pecado del «habriaqueísmo»– como maestros espirituales y sabios pastorales que señalan desde afuera. Cultivamos nuestra imaginación sin límites y perdemos contacto con la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel” (96).

“Es una tremenda corrupción con apariencia de bien. Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres. ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales! Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios. ¡No nos dejemos robar el Evangelio!” (97). ¡Concretezza!

Actuar

Abre tus ojos y tu corazón y date cuenta de personas que sufren más que tú, y haz algo concreto por ellas: una palabra, una oración, pero abre también tu cartera y compárteles algo de lo que tienes. Una visita sería muy oportuna, pero están restringidas por la pandemia. Que el Espíritu nos inspire, para que nuestro amor sea concreto. ¡Concretezza!

*Mons. Felipe Arizmendi es obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

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Publicado originalmente en: Zenit.org

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