Hoy es el ‘Domingo de la alegría’, ¿por qué se le llama así?

Si el Señor viene y está cerca no es para condenar al pecador. Por eso, el evangelista Mateo enuncia esta llegada bajo el título de Emmanuel que significa “Dios con nosotros
Tercer domingo de Adviento, domingo de la alegría / Foto: Especial
Tercer domingo de Adviento, domingo de la alegría / Foto: Especial

Evangelio según San Mateo  (Mt 11, 2-11)

 En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.

Jesús les respondió: “Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!”. Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: “¿Qué salieron a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salieron a ver, un hombre vestido con lujo? Miren, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salieron?, ¿a ver a un profeta? Sí, les digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. En verdad les digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”.

Alégrate, el Señor viene

El tercer domingo de Adviento se le conoce bajo la expresión latina de “gaudéte”, el cual proviene, de la antífona de entrada: “Gaudéte in Dómino semper”, que significa “gocen o alégrense siempre en el Señor”.

De hecho, en este tiempo se sugiere que los arreglos florales sean un tanto más discretos o con una cierta sobriedad, excepto para este domingo, cuyos arreglos quisieran denotar júbilo y gozo porque el Señor está cerca, como lo sugiere la 1ª lectura:

“Regocíjate, yermo sediento. Que se alegre el desierto y se cubra de flores, que florezca como un campo de lirios, que se alegre y dé gritos de júbilo” (Is 35,1-6.10).

El Señor no quiere la muerte del pecador

Si el Señor viene y está cerca no es para condenar al pecador. Por eso, el evangelista Mateo enuncia esta llegada bajo el título de Emmanuel que significa “Dios con nosotros”, expresión que contrasta con la visión del Bautista: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.

En efecto, san Juan se imaginaba que, la solución radical del pecado consistía en la eliminación definitiva de los pecadores, como lo había dicho anteriormente: el mesías tiene en su mano “el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga”.

Dichoso aquel que no se sienta “escandalizado” por mí

La respuesta de Jesús trae un elenco de varios milagros que, a su vez, manifiestan el cumplimiento de lo que habían dicho los profetas (Isaías): la curación de dos ciegos, de un paralítico, un leproso, un hombre mudo, la reanimación de la hija de uno de los jefes de la sinagoga; todo ello que hace referencia a una buena noticia: el Mesías es el Emmanuel o Dios con nosotros.

El Hijo de Dios condena al pecado mas no al pecador, de quien quiere la vida. Por eso, la parte conclusiva del mensaje a Juan es bellísima: “Dichoso aquel que no se sienta ‘escandalizado’ por mí”. En la traducción litúrgica escucharemos: “Dichoso aquel que no se sienta ‘defraudado’ por mí”. En griego el término utilizado corresponde a skandalizo (σκανδαλίζω) normalmente usado para referirse a una piedra en la cual se tropieza.

La expresión encriptada bajo una bienaventuranza (dichoso o beato quien no se escandaliza) manifiesta tiernamente que, esta cercanía hacia el pecador, los pobres y enfermos revelan a un Mesías pobre, manso y humilde que será después el Crucificado: “Dios no quiere la muerte de sus hijos, sino que ellos encuentren la vida en su Hijo”.

Más artículos del autor: ¿Qué significa Hosanna?

*Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

 

Compartir