Santa Mentoría

3 preguntas para ejercitar los dones del Espíritu Santo

Desde nuestro Bautismo fuimos colmados de los dones del Espíritu Santo, sin embargo, tener los dones no significa que hacemos uso de ellos, de la misma manera que una inscripción en el gimnasio no nos da una buena condición física. Para ello es necesario levantarnos cada día, llevar a cabo una rutina y superar aquellos obstáculos que nos alejan de nuestro objetivo.

Los dones del Espíritu Santo están ahí, dentro de nosotros, a nuestra disposición, pero necesitamos ejercitar nuestra voluntad para vivirlos de manera consciente, venciendo las ocasiones de pecado que abren una brecha de tibieza y mediocridad en nuestra relación con Dios.

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Es por ello que podríamos tener como meta el desarrollo de estos dones y, como en toda meta, tendríamos que elaborar un plan, un esquema de acciones que nos permita llegar a ésta, medir nuestros avances y detectar nuestros retrocesos para corregir y retomar el camino cuando sea necesario.

Pero las metas verdaderas tienen un sentido, no será lograr por lograr. Siempre hay un para qué, ¿cuál es mi fin en la búsqueda del desarrollo de los dones del Espíritu Santo? La salvación de nuestra alma podría ser la mejor respuesta.

Cuando el sentido se pierde, cuando el fin no está claro, los medios podrían confundirse también y comenzaremos a tomar los senderos equivocados. Es por ello que te propongo 3 preguntas que servirán como señalamientos claros para mantenerte en la ruta.

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1. ¿Qué es lo que Dios espera de mí ante esta circunstancia?

Sean situaciones adversas o favorables, debemos mantener el foco en esta pregunta, pero… ¿en dónde encontrar la respuesta? No caerá del cielo, no esperemos señales “milagrosas”, busquemos en el modelo que Dios nos dio, su Hijo Jesucristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida.

No hay un ABC o un instructivo, pero está su vida como testimonio y sus palabras para mostrarnos la ruta a seguir y así, poder discernir en medio de las diferentes disyuntivas que se presentan en nuestra vida.

2. ¿Mis decisiones y acciones buscan dar gloria a Dios?

Analiza si a tus acciones y decisiones les antecede la intención de glorificar a Dios, de seguir su voluntad y cumplir con sus mandamientos. No sólo en las elecciones que haces para tu vida, sino también para las elecciones en las que acompañas a los demás. ¿Eso que les aconsejas y que tú haces obedece más a la voluntad de Dios o a los respetos humanos que buscan la aprobación y el reconocimiento de los hombres?

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3. ¿Logro ver la mano de Dios detrás de todo lo que me rodea?

Se trata de observar con una mirada sobrenatural todo aquello que ha sido creado a mi alrededor y todo lo que me sucede, evitando caer en reduccionismos y criterios simplistas que limiten mi percepción sobre la grandeza y omnipotencia de Dios.

Más allá de nuestros planes de vida, está el plan divino, la voluntad de Dios, la misión que nos ha encomendado en nuestro paso por este mundo. Pidamos al Espíritu Santo que nos conceda vivir sus dones a plenitud de manera que podamos mantenernos firmes y perseverar en el camino haca nuestra salvación.

¿Quién es Marcela Hernández?

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México y está certificada como Coach Ontológico por parte del Tecnológico de Monterrey CEM. También tiene una especialidad en Logoterapia por parte del Instituto Mexicano de Tanatología. Instructor y facilitador en temas de desarrollo humano y empresarial, tales como: Sentido de Vida y Trabajo, Inteligencia emocional, Liderazgo, Coaching, Comunicación Asertiva, entre otros. Actualmente es Socia Fundadora de Sensum, empresa especializada en estrategias de sentido para empresas y personas.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

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