Opinión

¿Se debe bautizar a los bebés?

¿Tiene caso bautizar a un bebé?, ¿no es mejor esperar a que sea mayor de edad y dejar que por sí mismo decida si desea bautizarse, más aún, esperar a que sea viejito y bautizarlo en su lecho de muerte, para aprovechar que se le perdonarán los pecados de toda su vida? Son dos preguntas cuya respuesta es un rotundo sí y un rotundo no.

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Para comprender por qué consideremos lo siguiente:

¿Qué es el ‘Bautismo’?

Es un Sacramento, es decir, un signo sensible del amor de Dios, mediante el cual Él nos otorga una gracia especial que actúa de manera eficaz.

Y ¿qué significa ‘bautizar’?

Viene de ‘patizein’, palabra griega que significa ‘sumergir’.

Quien es bautizado es sumergido en agua para simbolizar que muere con Cristo para resucitar con Él (ver Col 2, 12).

¿Qué gracias especiales recibimos en el Bautismo?

Se pueden mencionar, al menos, cinco:

  1. En el Bautismo recibimos el más completo perdón

“Es tan pleno y completo el perdón que recibimos, que no nos queda absolutamente nada por borrar, sea de la falta original, sea de las faltas cometidas por nuestra propia voluntad, ni ninguna pena que sufrir para expiarlas” (C.C.E. # 978).

Es un verdadero ‘borrón y cuenta nueva’, que nos limpia, nos lava, nos permite iniciar una vida nueva con la gracia de Dios.

Por ello es el primero de todos los Sacramentos, el que abre la puerta a los demás.

  1. En el Bautismo recibimos el Espíritu Santo que nos hace hijos adoptivos de Dios

Gracias al Espíritu Santo entramos a formar parte de la familia de Dios, como hijos adoptivos del Padre (ver Rom 8,15-16; Gal 4,6).

Para ello no se requiere que el bautizado sea adulto. Aquí sucede como con el pueblo judío, que circuncidaba a los bebés a los ocho días de nacidos, para que entraran a formar parte del pueblo elegido y participara de su Alianza con Dios.

  1. En el Bautismo recibimos las virtudes teologales

Llamadas así porque provienen de Dios y nos conducen hacia Él.

Son la fe, que nos hace sensibles a Su presencia y amolda nuestra voluntad a la Suya; la esperanza, que nos alienta a caminar de Su mano y hacia Él; la caridad, que nos alienta a amar como Él nos ama.

Son virtudes que nos permiten vivir la vida ordinaria de modo extraordinario.

  1. En el Bautismo recibimos al Espíritu Santo

Él nos colma con Sus dones (ver 1Cor 12, 4-11), nos ilumina, nos guía, intercede por nosotros, nos sostiene y capacita para vivir como hijos del Padre (ver Mc 1,8; Jn 1,33; 1Cor 12,13 ; Rom 8, 14. 26-27).

  1. En el Bautismo recibimos la dignidad de sacerdotes, profetas y reyes

Sacerdotes para interceder por otros y ofrecer a Dios sacrificios por amor a Él y en bien propio y de los demás; profetas, para saber escuchar a Dios y hablarle a otros de Él; reyes, para edificar y habitar ya desde ahora, el Reino de Dios.

Se comprende ahora que a lo planteado al inicio se responda que ¡sí vale la pena bautizar a un bebé!; es tal la riqueza espiritual que se recibe en el Bautismo, que conviene recibirla ¡lo antes posible!

Los papás de un recién nacido suelen pedir que le pongan vacunas contra polio, difteria, tosferina, etc. No piensan que le quitan libertad por no esperarse hasta que crezca para que decida si desea o no enfermarse. Quieren protegerlo para impedir que se enferme hoy.

Del mismo modo, como la gracia recibida en el Bautismo perdona el pecado original y fortalece el alma contra los muchos males que pueden enfermarla, ¿cómo no aprovecharla lo más pronto que se pueda?

Por eso desde los más remotos orígenes, la Iglesia bautiza a los bebés, y ya cuando crecen los catequiza y les da múltiples oportunidades (por ejemplo en Pascua) de renovar por sí mismos las renuncias y promesas que sus papás y padrinos hicieron por ellos en su Bautismo.

En el Credo afirmamos que hay un solo Bautismo (ver Ef 4, 5), porque no hay que repetirlo, es para siempre, y porque es el que ha venido realizando la Iglesia Católica desde su inicio; con la fórmula que el propio Jesús le dio cuando la envió a bautizar a todas las gentes “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).

Nota: Para profundizar en este tema, lee el Catecismo de la Iglesia Católica: #976-987.1213-1284.

(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “Creo. Guía práctica para comprender y vivir el Credo. Ediciones 72, México, p. 236, disponible en amazon).

JMJ