Cielo y tierra

3 días para reflexionar sobre la vida y la muerte

Tarde o temprano, todos vamos a morir, más nos vale tomarlo en cuenta para prepararnos lo mejor posible.
¿Qué hay después de la muerte? Foto: Cathopic
¿Qué hay después de la muerte? Foto: Cathopic

¿Qué hay después de la muerte? Es una pregunta sobre la que mucha gente no quiere pensar, pero como inevitablemente, tarde o temprano todos vamos a morir, más nos vale tomarlo en cuenta para prepararnos lo mejor posible.

De entrada, ya sabemos que todos estamos destinados a la vida eterna, pero dónde la pasaremos es lo que está por verse. Hay dos opciones definitivas y una temporal: Infierno, Cielo y Purgatorio. Podemos dedicar un día a reflexionar sobre cada una, aprovechando para ello lo que se celebra durante esta semana.

Leer: La vida después de la muerte: así es el Cielo, Infierno y Purgatorio

En Halloween reflexionemos sobre el Infierno.

El 31 de octubre mucha gente celebra el llamado ‘Halloween’, en el que a los niños los disfrazan de diablos, brujas y seres de ultratumba y les regalan dulces y golosinas. Viene a la mente un video que circula en redes sobre un hombre al que al morir le permiten elegir a dónde quiere ir. Le abren la puertita del cielo, se asoma, ve a todos rezando y le parece aburridísimo. Le abren el portón del infierno, se asoma, ve a todos bailando, bebiendo y divirtiéndose de lo lindo y de inmediato va a la recepción y hace su solicitud para ir al Infierno. Entonces regresa y le abren de nuevo el portón, pero está todo oscuro, tenebroso, huele a huevo podrido y hay mucho humo. Antes de que lo arrojen a las tinieblas de la eterna condenación alcanza a reclamar: ‘¡esto no es lo que vi hace rato!’ Le contestan, ‘¡Estábamos en promoción!’

El supuestamente divertido pero realmente siniestro Halloween refleja lo que es el pecado en nuestra vida: es aparentemente atractivo, su recompensa inmediata parece dulce y nos atrae, pero termina siendo amarga, un engaño, una falsa ‘promoción’ que nos puede hacer perder la salvación.

En la Solemnidad de todos los santos reflexionemos sobre el Cielo.

El día 1° de noviembre celebramos a la Santísima Virgen María, y a todos los santos, es decir, a todos los que ya disfrutan de la presencia de Dios eternamente.

Los festejamos con una Misa solemne en la que la Palabra de Dios nos recuerda quiénes son los verdaderamente dichosos, los realmente bienaventurados.

Es un día para alegrarnos sabiéndonos rodeados de lo que san Pablo llama “una nube de testigos”, almas que ya llegaron a donde nosotros deseamos, de todo corazón, llegar.

Afortunadamente cada vez surgen más iniciativas para que en las familias y grupos parroquiales y escolares, no se celebre a los espantos, y en lugar del Halloween, se festeje al día siguiente a los santos, invitando a los participantes a asistir vestidos como su santo favorito, se organizan juegos, concursos, cantos, hay dulces y merienda. Es una gran oportunidad, no sólo para divertirse, sino para conocer más acerca de los santos, aprender de su ejemplo y encomendarse a su intercesión para que nos ayuden a alcanzar la santidad.

En la conmemoración de los fieles difuntos reflexionemos acerca del Purgatorio.

Hay quien piensa que es un invento, no lo es. Es una verdad de fe, enseñada por la Iglesia, que las almas de quienes mueren en amistad con Dios pero todavía tienen algo que purificar, pasan por el Purgatorio antes de ir al Cielo.

Este día en que en muchos hogares y comunidades se acostumbra colocar una ofrenda de muertos, consideremos dos cosas: La primera es que nuestros seres queridos pueden estar todavía en el Purgatorio, así que no nos conformemos con recordarlos un solo día, debemos encomendarlos diario, mandar celebrar Misas, rezar el Rosario y ofrecer por ellos indulgencias plenarias que les ayuden a llegar pronto al Cielo.

Y la segunda, es que diversos santos han afirmado que la alegría que viven las almas del Purgatorio es mayor que cualquier alegría de este mundo, pues ya vieron a Dios y saben que lo volverán a ver, pero su tristeza y sufrimiento es mayor que los de este mundo, porque todavía no llegan al Cielo, así que pidamos a Dios que nos evite este sufrimiento y nos conceda Su gracia y Su misericordia para alcanzar en este mundo la santidad y así al morir poder pasar a gozar de inmediato con Él la eternidad.