Opinión

2 actitudes a imitar en María y José

De seguro te ha pasado que descubres cierta cualidad en alguien y piensas: ‘me gustaría ser así’. Este domingo la Iglesia celebra a la Sagrada Familia. Aprovechemos para contemplar a María y a José, preguntándonos qué virtudes y actitudes podemos, con su ayuda, imitar. Y que no nos desanime que son muchas, empecemos de a poquito, por ejemplo, tal vez con estas dos:

1. Disponibilidad

‘Pídeme lo que quieras, menos esto.’  ¿Le has dicho eso a Dios alguna vez? ¿Te has puesto en Sus manos para que te diga cuál es Su voluntad, pero has incluido una cláusula pequeñita, hasta abajo, que dice, con letritas minúsculas: ‘aplican restricciones’? Como quien dice, sí, pídeme que perdone a tal pariente, pero no a ese otro.’ ‘Ok, trataré de ser más paciente, ¡pero no con esa gente insoportable!’ ‘Sí, voy a procurar participar más, pero ¡no me pidas que entre a un apostolado, qué flojera!’ Y así sucesivamente. En cuanto percibimos que Dios como que quiere pedirnos algo, de inmediato examinamos el asunto, sus pros y contras, lo que exigirá de nosotros y solemos responderle con un ‘sí, pero’ o con un ‘luego’ que nunca llega.

¡Qué diferente actitud descubrimos en María y en José!

Cuando el Ángel le anunció a María que fue la elegida para concebir al Hijo de Dios, Ella sólo hizo una pregunta (pues siendo Virgen no se explicaba cómo podría ser también Madre. No pidió un ‘tiempo razonable para pensarlo’, no consideró hacer una mini en encuesta entre familiares y amigas a ver qué opinaban; ni siquiera quiso ‘consultarlo con la almohada’. Simplemente respondió que sí. Dijo: “soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que me has dicho.” (Lc 1,38).

Por su parte, cuando José estaba pensando en abandonar a María, pues sin duda se dio cuenta de que era la elegida para que se cumpliera la profecía de Isaías “He aquí que la virgen concebirá un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel”(Is 7, 14), es decir, “Dios con nosotros” (Mt 1, 23), y no se sentía digno de participar en el proyecto divino de la salvación, un Ángel se le apareció en sueños, lo animó a no temer, lo llamó ‘hijo de David para recordarle que era del linaje de aquel a quien Dios le prometió que uno de su descendencia reinaría para siempre (ver 2Sam 7,16), y le pidió tomar por esposa a María. Y José no preguntó nada, no pidió indicaciones, no se hizo del rogar ni buscó pretextos para zafarse de tamaño compromiso. Simplemente obedeció.

Pidamos a María y a José que nos ayuden a tener, como ellos, una disponibilidad total para captar y cumplir la voluntad de Dios, sea la que sea, con la certeza de que será siempre para bien y nos sostendrá Su gracia.

2. Adaptabilidad

¿Te ha pasado tener un plan que te ilusiona mucho, un anhelo en el que has puesto todo el corazón, y por alguna razón fuera de tu control no se logra? ¿Cómo reaccionas? Los niños reaccionan armando tremendo berrinche y no pocos adultos también. Se sienten no decepcionados, lo que le sigue, devastados, frustrados, y tentados a mandar todo a volar.

¡Qué distinta la actitud de María y de José!

Podemos imaginar que siendo él carpintero, seguramente elaboró una preciosa cuna para el Hijo de Dios, y que María probablemente tejió y bordó chambritas y sabanitas, y que probablemente ya tenía pensado qué parientas y amigas la acompañarían y qué comadrona le ayudaría en el parto. Pero entonces llegó el edicto del emperador ordenando un censo. José tenía que ir a empadronarse a Belén, y María debía acompañarlo. Sus planes cambiaron drásticamente y ¿qué hicieron?, ¿Se frustraron?, ¿se enojaron?, ¿pidieron a Dios que los librara de tener que viajar estando ella con nueve meses de embarazo? No. Simplemente fueron, se adaptaron a sus nuevas circunstancias e hicieron lo mejor que pudieron con lo que tuvieron.

Pidámosles a María y a José que cuando las cosas no nos resulten como queríamos y esperábamos, no nos atoremos, sino respondamos con aceptación y creatividad a la nueva situación, sabiendo que todo lo permite Dios por algo, y nos ayudará a superarlo.