Te disparo una nieve

Leer más
COLUMNA

Ángelus Dominical

Te disparo una nieve

Pon manos a la obra y “dispárale” la medicina a algún enfermo, el pasaje a aquel migrante, la peluquería a este greñudo, un buen libro a quien le haga falta

22 febrero, 2026

ANTES QUE TERMINE el invierno me gustaría dispararte una bola de nieve (¡ja, ja, já!): dicho así y fuera de nuestra patria sonaría a una “guerrita” entre chiquillos luego de la nevada, pero dicho en nuestras mexicanas tierras tropicales, rápido me dirías que la quieres de limón o de piña, de tamarindo o de melón…EN EL EVANGELIO de san Mateo (17, 27) aparece un gesto muy solidario y cercano de Jesús con Pedro, el apóstol, a quien le “dispara” el impuesto debido al templo, al ordenarle que vaya al lago, que lance el anzuelo y en el primer que pique encontrará una moneda, suficiente para pagar lo debido por dos personas…NO ME LO TOMES a mal, pero yo diría que ese versículo es una prueba bíblica suficiente como para decir que Jesús inventó las alcancías y ¡las inventó vivas! (y si eres biblista y tienes autoridad, mándame a pescar y constataré qué autoridad tienes)…ESTAMOS EN CUARESMA y es tradición basada en un mandato el que nos abstengamos de carnes rojas y optemos por pescado; pero analiza con seriedad y en el fondo del mandato encontrarás –más que un pez- la invitación a compartir tus bienes materiales a partir de una medida en tu consumo (¿me entendiste?)…EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA -¡sí!- han de ser prácticas habituales y no obligaciones ciegas que tal vez te lleven a otros excesos peor de escandalosos, porque si no comes un bistec pero te zampas medio kilo de camarones a la diabla, más bien andarás del lado del diablo (¡obvio, porque la diabla no andará tan lejos de su marido!, ¿o si?)…
NO LE DEMOS MÁS VUELTA a estos asuntos y ante la imposibilidad de que yo te dispare una nieve, pues pon manos a la obra y “dispárale” la medicina a algún enfermo, el pasaje a aquel migrante, la peluquería a este greñudo, un buen libro a quien le haga falta, un pastelito a tu vecino, o una plegaria a este triste pecador de siempre que necesita conversión cuaresmal