Opinión

¿Por qué tú podrías ser el remedio para una persona enferma?

SU EPICENTRO FUE EL 11 de febrero y con tal motivo se desplegó una campaña de oración, de sensibilización, de catequesis y actividades diversas de acompañamiento y asistencia en torno a la Jornada Mundial del Enfermo, cuyo lema fue “Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad”, y que tuvo como fondo un pasaje del evangelio de San Lucas (6, 36)…

¡QUÉ ALEGRÍA CUANDO nos ponemos de fiesta y pachanga!, los motivos para el jolgorio sobran y los pretextos más; si acaso fuimos los festejados tendremos la sensación de ser el ombligo del mundo y el destino de todos los regalos, pero cuando estamos enfermos aunque nos tengan toda la atención y la paciencia parecería que estamos al borde de un precipicio…

¡CON QUÉ GUSTO y presteza decimos que sí a un viaje, una excursión, a irnos de pinta o a descolgarnos en el “puente” aquí cerquita, a la playa, al menos!, y somos capaces de olvidarnos de la maleta, de irnos de pata de perro aunque no tengamos seguro el boleto de regreso, aunque se haga necesario poner pausa a responsabilidades, pero cuando estamos enfermos no queremos ni que nos muevan al patio a tomar algo de sol…


LA EMOCIÓN Y EL INTERÉS afloran cuando nos ofrecen el super-alimento que no engorda y disque nos nutre, o cuando nos venden los tenis, la chamarra, el perfume que tanto anhelamos y que ahora ¡está en oferta!, pero cuando estamos enfermos más bien prevalece el asco y la falta de apetito, y sabemos que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”…

YO CREO QUE EN NINGUNA otra ocasión nos sentimos tan profunda y realmente humanos que cuando experimentamos el dolor y la fragilidad, o cuando decidimos ofrecer la ayuda y consuelo a los que sufren, ya sea la enfermedad, el destierro, la guerra, el hambre, pues todas estas situaciones nos vuelven a poner con los pies en la tierra y nos invitan a dirigir los ojos al cielo…

HACE VEINTE AÑOS (¡y todavía me acuerdo!) sufrí una contractura muscular en las vértebras lumbares (¡ahhh!) que me tumbó y me dejó inválido por algunos días; cuando llegó la gentil y bella terapeuta a darme sus cuidados y su consuelo, luego de saludarme me preguntó afirmando: ¿Así que estás muy mal?, y yo le respondí: Solo la mitad, pues ya llegaste tú…

TÓMAME POR LOCO –ya que no soy médico ni enfermero- pero afirma conmigo que la mitad de la salud ya está en quien nos asiste con cuidado y ternura, con paciencia y cariño, con la debida instrucción o –al menos- con el prudente cuidado…

NO TE HAGAS EL LOCO y cuando tengas cerca un enfermo o alguien que está sumamente necesitado, ten en cuenta que tú eres parte importante de su salud y remedio, que si Dios te ha dado estar un poco mejor no es para que te alejes con indiferencia o lo ignores con soberbia, sino para que te hagas más humano de lo que ya eres…

MUCHO SE EQUIVOCA –ya sea católico de a pie o motorizado teólogo- quien diga y afirme que Jesús se hizo hombre y nació de María Virgen allá en el portal de Belén; afirmemos que se siguió haciendo hombre y siguió naciendo de su Dulce y Santa Madre cada que tocó a un enfermo, cada que consoló a las viudas y cuando remedio la necesidad de quien fuera…

LAS TEORÍAS EVOLUTIVAS también se equivocan cuando ven al ser humano sólo como resultado de un proceso biológico o cuando lo consideran un producto ya acabado y adaptado a su entorno, a quien le basta nacer, crecer, comer, producir-producir-producir, reproducirse, pasear y morir; ¡es parte cruxial de nuestro proceso humano mostrar un corazón misericordioso y fraterno!…

¡HEY!, ¿POR QUÉ ESCRIBÍ “cruxial”, en lugar de “crucial”?; si, al inicio lo vio como un dedazo pero decido dejarlo así por dos razones: 1) el lenguaje también evoluciona y 2) el término me recuerda a la Cruz de Jesús, en donde tuvo los pies bien clavados (así dicen unos versos) para esperarnos siempre y los brazos abiertos para recibirnos a todos…

SIGUE TOMÁNDOME por loco que sólo así entenderás lo siguiente: Jesús siguió haciendo hombre –encarnándose- y naciendo de su Dulce y Santa Madre cuando llegó el momento de su resurrección, pues como si el sepulcro hubiera sido un segundo vientre y su descanso la gestación, resucitó glorioso venciendo el pecado y la muerte, dejando atrás todo dolor y sufrimiento, llevándonos y dándonos a luz para la vida que no tiene fin (lo que si tiene fin es esta columna y aquí se acabó)…

 

[email protected]

El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

Más de este autor: La enfermedad puede ser ocasión para crecer en salud