ABAJO SE VEÍAN SÓLO PIEDRAS , ruinas de lo que fue la Basílica de San Neófito, en una plataforma que de ordinario sirve a visitantes y turistas, debidamente colocados y delante de la presidencia del evangeliario, del ícono de Jesucristo y otro que recuerda a los obispos reunidos en concilio, tanto el Papa León como cada uno de los jerarcas de diversas iglesias y confesiones cristianas, realizaron el acto ecuménico por los 1700 del Concilio de Nicea… EL RESPETO Y LA FRATERNIDAD dieron una belleza singular, donde la oración y reflexión ayudaban a elevar el espíritu hasta el horizonte azul –enorme y misericordioso- donde Dios, Uno y Trino, sin duda gozaba de ver a sus hijos: ¡ah!, luego de la alocución del Papa León, todos juntos recitaron la profesión de fe, el Credo, y me parecía estar yo mismo ahí físicamente, pues donde ponemos el corazón casi que se coloca todo el cuerpo… LOS CÁNTICOS Y LAS INVOCACIONES en diversas lenguas se unían en el estribillo repetido una y otra vez en griego –Kyrie eleison; Señor, ten piedad-, y luego, el rezo del Padrenuestro; fueron poco más de 30 minutos de duración los que duró el evento, suficientes para manifestar que la verdad proclamada hace 17 siglos sigue uniendo a tantos a quienes la historia ha llevado por caminos propios, y más que diferentes, particulares; y más que distintos, unidos en una fe común… ESTOY CIERTO QUE HOY iré a dormir con una satisfacción semejante a la del anciano Simeón, que luego de ver a Jesús infante en brazos de María y José –que lo presentaron en el Templo, exclamó: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: Luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel (Lc 2, 25-32)… QUE JESUCRISTO ES Dios y hombre verdadero, es una verdad que no acabaremos jamás de seguir profundizando, y así como una fuente inagotable, este misterio siempre saciará la sed de quienes avanzamos en el desierto buscando a Dios Verdadero, a Dios cercano en Jesús, el Mesías, Emmanuel, Dios que ni se esconde ni se aparta, que ha tomado nuestra misma naturaleza para compartirnos la suya, ¡ah!… ACASO CON DICHO EVENTO, sobre las ruinas recientemente encontradas (durante siglos fueron cubiertas por las aguas del lago), podría darse por satisfecho el objetivo del viaje papal, pero el asunto no acaba ahí; hará falta el encuentro con la comunidad católica que, si bien no es tan numerosa, siempre da un testimonio de fe muy singular, en medio de una sociedad mayoritariamente musulmana… ESCRIBO ESTAS LÍNEAS mientras el viaje apostólico del Papa sigue su curso, y si ya no será posible compartirte alguna imagen-con-letras (eso significa la palabra “fotografía”, ¿o no?), te seguiré compartiendo la emoción que podrás re-vivir cuando recites el Credo niceno-constantinopolitano, particularmente en lo que se refiere a Jesucristo, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero… IRENE SE LLAMA la señora que barre y atiende la Plaza de San Simón en lo que a jardín se refiere; y me abordó justamente ayer para preguntarme sobre la Virgen María, pues su consuegra la inquietó diciendo que Jesús tuvo más hermanos, y que la Virgen… “¿VERDAD, PADRE, QUE LA VIRGEN es como todas las mamás, y que si tuvo a Jesús es porque Él es Dios y es el Salvador de todos?”, -¡Pues sí!, le respondí con una sonrisa contagiada por la fe sencilla, sincera y profunda de esa mujer sencilla, sincera y profunda, y le añadí que la virginidad de la Madre de Jesús radica en que siempre dijo sí a Dios, con todo su alma y todo su ser; Irene terminó afirmando que ella siempre va a querer a la Virgen porque es Madre de Dios… POR SUPUESTO QUE IRENE no sabe más cosa sobre el viaje del Papa ni sobre el centenario número 17 del Concilio de Nicea, pero su amor a la Madre de Jesucristo la vincula profundamente al misterio central de nuestra fe: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, nacido del Padre antes de todos los siglos y que se encarnó por obra del Espíritu Santo en el seno de María Virgen…
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