Opinión

Ángelus dominical: Todo lo hemos recibido por amor

YA FALTA MENOS para que todo se acabe, empezando por esta página o por la taza de café que disfruto antes que el sol asome en el horizonte, y que saboreo tanto como cuanto es posible gracias a la luz, al calor, al agua, al aire y a la tierra…

PARECERÍA QUE SOY amigo de las palabras pero de cada en cuando me peleo -casi a muerte- con ellas, o mejor dicho: con el abuso, inconsistencia o perfidia conque las utilizamos, y al hablar de la tierra también diré algo de la Tierra…

PLANETA AZUL es título reciente que le hemos dado a esta inmensa y bella casa común, en ella navegamos por siglos e inmensidades hacia un futuro cierto en el horizonte natural pero totalmente incierto en el horizonte humano; vivimos en la Tierra pero también decimos tierra a la superficie pisable de este singular planeta, el resto es mar, lago, océano…


QUE HERMOSO ES aterrizar o desembarcar luego de haber volado o navegado, pues ni el aire ni el agua es nuestro lugar ordinario; y ya me ven comenzando a pelear con quienes dicen que un astronauta o una nave espacial alunizó o amartizó -y son palabras aceptadas en el diccionario, lo sé-, pero ya veo en qué intríngulis nos meteremos cuando una nave terrícola se pose en el suelo del planeta Kepler 37-c (sí, intenta pronunciar la acción antes de reírte); y ya que faltan todavía varias décadas para ajupiterizar o asaturnizar, mejor pasemos a algo más terrestre…

PREGUNTÉ CON CIERTA jiribilla (¡ah, nuestros mexicanismos!) al iniciar una reflexión comunitaria que si alguien había recibido limosna al menos una vez o de manera continua; el único de los presentes que pudo responder que sí era Ricardo, un indigente anciano y asiduo a la parroquia que ya está medio sordo, todos los demás movieron la cabeza en señal de negación y hasta hicieron gesto como de desprecio, de indignación…

LUEGO INVITÉ para que me hicieran la misma pregunta -que si yo había recibido limosna alguna vez o que si la recibo continuamente- y hubo quienes rápido dijeron: usted pide cooperación, lo que damos es el diezmo, lo que nos pide es una ofrenda; concluí que la palabra limosna tiene cara fea y que no quieren verme con ella de la mano…

CON LA LIMOSNA sucede casi lo mismo que con el perdón: que todos lo necesitamos antes o después, que nos parece que quien da limosna o perdón es más que quien lo recibe, que somos reacios a recibir una y otro porque no queremos sentirnos ni necesitados ni ofensores o culpables; la verdad es que todos -¡todos!- estamos en la Tierra y pisamos esta tierra…

PEDRO Y JUAN llegaron a la Puerta Hermosa del templo de Jerusalén (Hech 3, 1-10), ahí estaba un tullido pidiendo limosna y lo que finalmente recibió fue una profunda mirada -cercanía y sintonía- y al no tener ni oro ni plata le dieron la capacidad de volver a caminar y brincar en el nombre de Jesús; y que vengan rápido las preguntas: ¿es feo recibir o dar limosna?, ¿quién es más y mejor: el que la da o el que la recibe?, ¿cómo y cuándo hay que dar/recibir limosna?…

SI LA LIMOSNA la dejamos como minucia que se da desde la suficiencia, de plano que ya no hay camino, ¡apaga la luz y vámonos!, pero asómate al diccionario y hay dos características centrales de la limosna: el objeto (cosa, idea, escucha, compañía) que se da al otro por caridad (y la caridad es amor auténtico, no conmiseración ni gesto de prepotencia)…

YO MISMO REVISO lo más valioso que tengo y disfruto, y prácticamente no encuentro algo que no haya recibido sino por amor, pues lo que me ha costado dinero al final termina por devaluarse, por acabarse, por constituirse en pérdida: ¡soy limosnero beneficiado por tantos que me han amado!…

HAY UN PROCESO que se resuelve en dos polos y que señalo con los siguientes binomios: dar/recibir, generosidad/necesidad, vanguardia/retaguardia, amante/amado; y ahora los aplico al hecho de quien ofrece y quien acepta una limosna pues finalmente se da una complementación que ilumina a ambos, que enaltece por igual, que nos pone al mismo nivel y a la misma dignidad…

CUANDO EL APOSTOL Pablo está motivando a los corintios (2Cor 8,15) para la colecta que se enviará a la comunidad de Jerusalén, evoca al libro del Éxodo (16,18) haciendo notar que cuando hay auténtica solidaridad todos quedan satisfechos: Ni le sobró al que recogió mucho, ni al que recogió poco le hizo falta…

BIEN RECUERDO que me dieron un aventón en el camino a casa de mis padres (allá por el año 1982) y cuando me dejaron ante la estación del metro me di cuenta que no traía un solo peso en los bolsillos, así que totalmente necesitado bajé con el policía del torniquete y le pedí que me dejara abordar: hablé sin miedo, sin pena y con claridad, y me permitió el paso; ya cuando bajé y tuve que abordar el “delfín” (así les llamábamos a los autobuses de pasajeros) hice lo mismo y recibí con gentileza la limosna que necesité…

ADEMÁS DE LA GRAN limosna de la vida, de la limosna de la fe, de la limosna del afecto y respeto de muchos, sigo recibiendo la limosna de la amistad, del perdón, de la paciencia; sigo necesitando y recibiendo lo que no puedo pagar con mis pobres dineros que solo sirven para lo que se acaba; mírate pronto y despacio en el espejo de tu intimidad -tocando tierra en esta Tierra- y reconócete como indigente de lo más valioso: ya tendrás razones para decir ¡gracias! con mayor espontaneidad.

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México. 

 

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