Opinión

Ángelus dominical: ¡Sí!, ¡todo se acaba!, pero acabará bien

TODO VA LLEGANDO a su fin, todo va acabando, poco a poco, y el espacio que queda vacío será ocupado por lo nuevo, por un sustituto, por lo siguiente; la actividad que termina -tal vez por su final natural o por un cese anticipado- también dará lugar a una siguiente etapa, al nivel consecutivo: ¿qué cosa permanece indefinidamente?…

CONCLUYÓ EL VERANO y ya estamos en otoño, septiembre está llegando a su fin y octubre ya tiene pinta de irrefrenable; renunció un funcionario y ya está listo quien lo reemplazará, al otro lo renunciaron y el que llega casi lo saca a empujones; se acabó el plato de sopa y ojalá el guisado esté igual o más sabroso; los cassettes tuvieron su auge, luego vino el disco compacto y ahora todo se maneja de modo digital…

SE NOS ANTOJA lo útil y bello como perenne, o al menos con estabilidad adecuada (pero luego lo “adecuado” lo estiramos como chicle o lo encogemos como acordeón), quisiéramos que lo cómodo y bonito siguiera igual o acaso tantito más; aunque tal vez hay una excepción -según cantaba Mike Laure allá en 1965 al ritmo de cumbia- pues “se acaba la papa, se acaba el maíz, se acaban los mangos, se acaban los tomates, y la cosecha de mujeres ¡nunca se acaba!”…


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DESDE EL AÑO 2010 -en el mes de mayo- hasta el día de hoy se ha publicado esta columna que no deja de ir del tingo al tango, que lo mismo le araña a la astronomía o le rasca a algún acontecimiento del momento, que igual se barajan aquí términos muy domingueros o se escurren palabrejas muy de callejones pueblerinos, que nunca deja de hacer referencia al mensaje del Evangelio pero que tampoco quiere desconectarse de este suelo que todos pisamos; ¡ah!, pero nadie asegura que dure siquiera medio mes más…

UNA SEÑORA DE ALTURA fue la Monarquía, que por siglos se pavoneaba entre palacios y banquetes (en algunos rumbos sigue su caminar con cierta discreción) pero que sentaba sus bases sobre el trabajo del señor Pueblo; otra señora -más joven y con riesgos evidentes- es la Democracia, que para ser más atractiva le da a don Pueblo un poco más de libertad pero sin eximirlo que aporte la quincena con el sudor de su frente; hay otras señoras de las que es mejor sólo mencionarlas sin hacer mayor comentario: Dictadura, Teocracia, Oligarquía; y otras que por más feas las dejamos al final y entre paréntesis (Anarquía, Oclocracia y Tiranía), y no dejamos de afirmar que todo se acaba…

EN AGOSTO PASADO terminé de leer un libro titulado “Breve Historia del Saber” (solo tiene 589 páginas, su autor es Chales Van Doren), y para concluir se aventura a realizar un esbozo de lo posible y probable para los siguientes 100 años; y aborda temas como las computadoras, la guerra, la exploración del sistema solar, el lenguaje, los avances médicos, la velocidad y otros más, pero lo que me llamó la atención es que retoma a un científico muy querido por mí: Theilard de Chardin…

NO DIRÉ QUE FUE francés, pero lo fue; ni diré que fue jesuita, pero lo fue; lo que quiero decir es que se metió de lleno a la paleontología y de ahí brincó a planteamientos filosóficos y teológicos que no estaría de más volver a desempolvarlos; bueeeenooo, con decirles que hasta nos legó algunos poemas que casi siempre quieren decir más de lo que pueden expresar…

HUBO QUIEN LE DIO unos “coscorrones” al P. Theilard (desde el antiguo “Santo Oficio”) pero después se reconoció que su pensamiento influyó en el mismo Concilio Vaticano II, concretamente en la única constitución pastoral emanada de ahí y titulada “Gaudium et Spes”; el Papa Benedicto le dedicó varios elogios, y también hay quien lo ha tildado -en el mundo científico- de loco y charlatán, pero baste decir que de ellos ya ni se habla -se acabaron- y sí del P. Theilard de Chardin, que sigue como la cosecha de mujeres…

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UNO DE LOS CONCEPTOS que me llamó la atención de este jesuita francés del siglo XX, fue lo que llama “Punto Omega”, en donde conjunta un planteamiento evolutivo finalmente referido a conceptos teológicos como la Parusía (la segunda venida de Cristo, el así llamado “fin de los tiempos”)…

POR OBVIAS RAZONES es imposible abundar sobre esto en pocas líneas, pero que sea suficiente decir que ¡Sí!, ¡todo se acaba!, pero acabará bien y con orden, acaba todo pero cumplida una finalidad y sentido, porque ni el mal, ni el caos, ni la destrucción, ni el vacío tienen la última palabra; quien finalmente tiene la última -ul-ti-mí-si-ma- palabra pues es quien tuvo la primera -pri-me-rí-si- ma-, que al tenor de la Biblia fue nada menos que quien dijo: “¡Hágase la luz!…

ESTA PÁGINA DISCRETA ya también concluye, y en los dos últimos párrafos aprovecho para evocar el salmo 16, 15, que dice: “Y yo, por tu gran bondad, al despertar me saciaré de tu semblante”; y son palabras que nos deben remitir a lo que en verdad vale luego de que todo pasa: solo Dios…

Y COMO EL COVID-19 todavía anda rondando por ahí -y aún le falta un “buen”- que no estén de más las recomendaciones: por favor cuídate, no bajes la guardia, no te confíes, lávate las manos, usa el cubrebocas, observa la sana distancia; ¡bueno!, haz todo eso aunque quieras adelantar tu propio fin en este bello mundo…

 

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