Opinión

Ángelus dominical: El día que desterremos la radicalización

EN OTRO TIEMPO FUE el séptimo mes del año, y aunque conserva en su nombre la referencia numeral ahora es el noveno y –aquí, en México- es el mes de la Patria, el mes tricolor, mes que se saborea en elotes de temporal o en la suculenta variedad de platillos y antojitos muy mexicanos…

PARA EL DÍA 27 se cumplirán dos siglos de haberse concluido el proceso de independencia, iniciado en 1810 con una asonada que rápido encendió, que lo mismo tuvo episodios tanto lamentables como épicos, que lo mismo alcanzó momentos casi culminantes como de incertidumbre casi total, ¡ah, así es la historia!…

LA ETAPA FINAL de todo el proceso independentista fue más terso y prácticamente se resolvió en la búsqueda de consensos, en la coincidencia de intereses, sin mayores confrontaciones y con mejores encuentros; como protagonista central estuvo nada menos que un personaje que la historia oficial ha denostado inútilmente: Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu…


Y COMO NO SOY historiador ni pretendo cargar las tintas para ningún lado, sencillamente diré que los personajes y sus acciones, que los lugares y las ideas, que los hechos y desechos de aquellos días no son tan distantes de lo que hoy sucede: pactos y traiciones, acuerdos por encima y por debajo de la mesa, madruguetes y sabadazos, buenas intenciones y pésimas realizaciones, malos gobernantes pero poblaciones que saben seguir adelante a como dé lugar; solo recuerdo lo que dicta la sabiduría popular, que “arrieros somos y en el camino andamos”…

AYER COMO HOY, y como siempre, lo que seguimos necesitando con urgencia, no son mesianismos políticos sobados por la plebe hambrienta de espectáculos baratones, ni proyectos de nación que se muestran indefectibles en el papel o en la cabeza hirviente de ideólogos, ni copias –al carbón o fotostáticas- de estructuras políticas que han adoptado pueblos vecinos con resultados no siempre óptimos, no…

LO QUE SIGUE SIENDO urgente y necesario, útil y provechoso, bello y hasta barato, es la dedicación y entrega que cada individuo y grupo, cada ciudadano y familia, cada taller y cada empresa, cada nativo y cada llegado a estos lares, realice con amor patrio y con honesta determinación: desde este lugarcito donde escribo –humilde, bien iluminado y mejor ventilado- muy claramente puedo ver a tantos que cumplen con lo dicho y así construyen auténtica Patria y verdadera Historia…

LO DIGO AHORA Y acaso lo repita cuantas veces sea necesario: no ha habido ni habrá, ni aquí ni en todo el orbe, personaje alguno que con sus solas ideas o fuerzas, o con su fantasía o mera voluntad, pueda llevar adelante empresa gigante o minúscula, trabajo sencillo o complicado, nación moderna o antigua, familia urbana o rural, nada en absoluto: siempre necesitamos de los demás…

AQUELLAS PALABRAS que aparecen en el libro del Génesis (“no es bueno que el hombre esté solo” 2,18) o las que dicta Jesús al escriba que le interroga sobre el mayor de los mandamientos (“amarás a tu prójimo como a ti mismo” Mc 12,31) se complementan en la responsabilidad compartida que todos –toditos- los que pisamos este mundo tenemos, independientemente de condición social, de credo religioso, de opción política, de gustos culinarios o de la hora en que salimos al pan…

DE AHÍ VUELVO a retomar al personaje sofocado por la oficialidad histórica (Agustín de Iturbide) para constatar que ni él actúo solo para el bien que aportó a la nación -y que sin duda permanece-, ni para los males que acaso pudo ocasionar -y que seguramente no duraron más allá de lo naturalmente perecedero que es el mal-…

YA QUIERO VER el día en que desterremos toda radicalización –de por sí obtusa- y en que evitemos dejarnos llevar por banalizaciones –de por sí guangas- porque las primeras nos llevan a condenas estériles y las segundas a impunidades vergonzosas…

LUEGO DE LA ENTRADA del Ejército Trigarante a la capital de la Nueva España (27 de septiembre), se celebró la Santa Misa en la Catedral y se entonó un solemne tedeum, pues la ocasión no era para menos y las palabras conclusivas de Iturbide tampoco estuvieron de más; las transcribo como sencilla celebración…

“MEXICANOS: Ya estáis en el caso de saludar a la patria independiente como os anuncié en Iguala; ya recorrí el inmenso espacio que hay desde la esclavitud a la libertad, y toqué los diversos resortes para que todo americano manifestase su opinión escondida […] Ya me veis en la capital del imperio más opulento sin dejar atrás ni arroyos de sangre, ni campos talados, ni viudas desconsoladas, ni desgraciados hijos que llenen de maldiciones al asesino de su padre; por el contrario, recorridas quedan las principales provincias de este reino, y todas uniformadas en la celebridad han dirigido al ejército trigarante vivas expresivos y al cielo votos de gratitud […] Se instalará la Junta; se reunirán las Cortes; se sancionará la ley que debe haceros venturosos, y yo os exhorto a que olvidéis las palabras alarmantes y de exterminio, y sólo pronunciéis unión y amistad íntima”…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

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