Opinión

Ángelus dominical: Doña Sospecha pocas veces cierra la boca

LA TAL SEÑORA ES FEA, pero con efe mayúscula doble; los sutiles maquillajes y amplios ropajes que suele utilizar sólo hacen invisible su horribilidad a miopes y distraídos; por el contrario, aprovechan su camuflaje los interesados y estafadores tanto como los cizañeros y complotistas; todo parece indicar que en lugar de sangre por sus venas corre saliva, pues no gusta guardar silencio ni por respeto propio…

NECESARIO AGREGAR que pocas veces cierra la boca -nada pequeña en donde apenas le cabe la lengua- y tiene voz aguda como aguja y su entonación es más de mercenario que de militar, pues a éstos les puede arropar el honor pero a aquéllos los cubre el dinero; sus manotas más parecen de verdugo que de fémina y hasta hay quienes afirman que en realidad es varón rudo, por su habilidad en abrir las puertas más cerradas y en trepar donde sea con tal de asomarse en altas ventanas sin guardar discreción; por supuesto, estoy hablando de Doña Sospecha…


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NO QUIERO ABUNDAR en su parentela pero han de ser hijos o sobrinos suyos el Chisme, la Calumnia y la Difamación, y mientras éstos ya son desfachatados y no les incomoda vestir andrajos, Doña Sospecha sigue guardando una mesura hipócrita y modales de alcurnia y jerarquía palatina; ¡vaya qué cosas!…

POR EL CONTRARIO, la señorita Certeza es recatada y estudiosa, gusta de escuchar opiniones y consejos de gente honesta y sabia, no es dada a ampulosidades ni a faramallas, siempre observa con respeto cuanto acontece y valora a la persona sin importar condición alguna; que no sobre decir que además de bella es luminosa, que une la claridad y la sencillez, que su palabra siempre es útil y su consejo firme y veraz (¡con ella me quiero yo casar!)…

ESTOY LEYENDO la nueva encíclica del Papa Francisco y me estoy encontrando con certezas que abonan a la esperanza, con afirmaciones sensatas y no con ocurrencias mañaneras, hechos que debemos atender sin apanicarnos; el Papa habla y no se pone como salvavidas inflable ni solución milagrosa; me emociona leerlo pues su pluma derrocha sencillez y claridad, nada de equívocos ni frases a medias, nada de suposiciones ni sospechas, no…

MIOPE Y ATOLONDRADO -tal vez menos- si alguien afirma que la Iglesia católica en México anda por un rumbo y que debería decir y hacer lo que hace el Papa Francisco, y las sospechas de aquél no le permiten ver por encima siquiera de sus zapatos: no alcanza a descubrir la elemental y firme comunión que nos une en la fe y no en una ideología, que nos vincula en una vocación y no por una votación a mano alzada…

AQUÍ Y EN CHINA (y no porque ahí se originó el COVID-19) el ser humano sigue necesitando certezas en cuestiones médicas y alimentarias, en economías que miren el desarrollo integral del hombre y no solo números negros que sirvieron de promesa y no aparecen cumplidos, necesitamos certezas en variados ámbitos de la vida social: seguridad, deporte, cultura, libertad de expresión, respeto público, honestidad auténtica…

SI AQUEL DICHO reza en su claridad que “quien siembra vientos recogerá tempestades”, bien podríamos afirmar que quien siembra sospechas -y ordinariamente se siembran en campo ajeno- quiere propagar dudas y descalificaciones, quiere malograr un buen cultivo solo porque no es propio…

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ACLARO CON TODA contundencia que estas afirmaciones mías no las estoy dirigiendo a nadie en particular, más bien tienen dedicatoria general, pues lo mismo sucede en lo cercano y cerrado del propio vecindario que en ámbitos públicos y abiertos: ¿acaso no se nos va más de mediodía en mirar con el rabillo del ojo y otro medio día en hablar a las espaldas de otros?, y cuando lo hacemos de frente llegamos a poner más facha de celofán que de cabal autenticidad…

LAS CERTEZAS SIEMPRE serán respetables y perennes, mientras que las sospechas son fortuitas y huyen de la luz; en tanto que muchas opiniones no durarán siquiera un par de días -las honestas se conservan y se aquilatan-, las certezas aguantan porque están construidas sobre roca firme; no me consta por vivencia -¡gracias a Dios!- pero imagino desde mi inteligencia, que el infierno es como un bosque de sospechas: nadie está seguro, nadie se siente en paz…

DOÑA SOSPECHA se ampara en su propia afirmación, es totalmente subjetiva, y -chilindrínicamente- así como dice una cosa así dice otra; por el contrario, la señorita Certeza ni habla a la ligera ni se detiene en superficialidades (¡con ella yo si me quiero casar!)…

EL DOMINGO PASADO afirmé que octubre siempre trae buenas cosas y aquí está una prueba contundente, pues la encíclica “Fratelli tutti” que nos ha regalado el Papa Francisco -y que sigo leyendo-, hace buen eco del pobrecillo de Asís, y en medio de nuestro mundo tan vapuleado sus palabras familiares y nada técnicas son bálsamo para sobrellevar esta pandemia y las muchas y más difíciles que vengan: pandemias políticas, económicas, mediáticas, bélicas, hegemónicas y las que surjan como engendradas por Doña Sospecha…

 

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