De ateo a cristiano: el historiador que descubrió a Cristo en medio de la guerra
El historiador británico Tom Holland se reencontró con Dios y el cristianismo tras años de estar alejado.
En medio del silencio roto por la guerra, el historiador británico Tom Holland sintió que el cuerpo ya no le respondía. Le faltaba el aire. El mareo lo obligó a detenerse. Frente a él, una ciudad en ruinas; dentro de él, una grieta que comenzaba a abrirse.
Era 2016 y se encontraba en Sinjar, al norte de Iraq, una tierra marcada por la violencia del grupo extremista ISIS. Allí, donde hombres fueron asesinados, mujeres esclavizadas y la dignidad humana pisoteada, Holland, acostumbrado a estudiar la crueldad de la historia antigua, se encontró con algo que no podía explicar: entre los restos de una iglesia destruida, una cruz de madera permanecía en pie.
Holland había pasado años analizando el mundo grecorromano, donde la fuerza definía la verdad y los débiles eran descartables. Esa lógica, los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que debe, parecía repetirse ante sus ojos en Sinjar. Pero la cruz desafiaba esa visión.
Aquel instrumento de tortura, reservado en la antigüedad para los más despreciados, se había convertido, por obra del cristianismo, en el signo de un Dios que se deja vencer, que se identifica con el sufrimiento humano y que revela un poder distinto: el del amor que se entrega.
Esa intuición acompañó a Holland durante la escritura de su libro Dominion: How the Christian Revolution Remade the World, donde sostiene que la huella del cristianismo sigue viva incluso en quienes no creen.
Pero más allá de la tesis académica, lo que comenzó a gestarse fue algo más profundo: una inquietud espiritual.
Te recomendamos: Rabbuní, una historia de conversión en medio de la guerra en Tierra Santa, llegará a cines
Cuando la razón no basta
Criado en la fe, Holland la había dejado atrás en su juventud. Durante años se movió entre el ateísmo y un agnosticismo cómodo. Sin embargo, estudiar y escribir sobre mal lo hizo cuestionarse sus creencias.
Porque si el mundo funciona bajo la lógica del poder, ¿de dónde nace la convicción de que toda vida tiene dignidad? ¿Por qué nos escandaliza el sufrimiento del inocente? En esa tensión, la figura de Cristo comenzó a cobrar un nuevo significado.
El punto de quiebre no llegó solo en el campo de la historia, sino en su propia vida. En 2021, Holland fue diagnosticado con cáncer. Frente a la posibilidad de la enfermedad y la muerte, hizo algo que no hacía desde niño: orar.
En una iglesia de Londres, durante una Misa de Navidad, elevó una súplica sencilla y profunda. No desde la certeza, sino desde la necesidad. Poco después, recibió una noticia inesperada: el cáncer no se había extendido. Hoy está libre de la enfermedad.
No afirma que haya sido un milagro, pero tampoco lo descarta.
“Me gusta pensar en la posibilidad de lo sobrenatural”, dijo a CNN. Y en esa apertura, algo en su interior parece haberse reordenado.
Hoy, Holland se reconoce cristiano. No desde una fe triunfalista, sino desde una fe que convive con la duda, como la de los primeros discípulos que, ante la Resurrección, oscilaron entre el asombro y el temor.


