Vida Parroquial

‘En el Reclusorio Oriente, La Pasión nos brinda esperanza’

Internos del Reclusorio Oriente montan una representación cada año con la que buscan transmitir la fe a sus compañeros.
Luis Miguel Sánchez (primera fila: segundo de izquierda a derecha), encargado de la representación con algunos de los actores del Reclusorio Oriente. Foto: Ricardo Sánchez
Luis Miguel Sánchez (primera fila: segundo de izquierda a derecha), encargado de la representación con algunos de los actores del Reclusorio Oriente. Foto: Ricardo Sánchez

Tan convencido está hoy de haber encontrado sentido a la vida en lo que hace dentro del Reclusorio Oriente, que tal parece que no pesa sobre él una condena de 95 años de prisión. Desde hace ocho años, Luis Miguel Sánchez Ruiseco es el responsable de montar el viacrucis dentro de este presidio.

Egresado de un instituto de bellas artes en Hidalgo, Luis Miguel Sánchez trabajaba como maestro y director teatral, pero debido a un delito, del cual él se declara inocente, hace 16 años entró a prisión.

Llegó “peleado con Dios y con la vida”, explica a Desde la fe. Sin embargo, debido a su gusto por la actuación, deseaba participar en el viacrucis. Pero cada vez que acudía a inscribirse, recibía por respuesta: “Usted no puede, porque no es católico”.

Un buen día –recuerda–, el capellán del reclusorio le preguntó directamente si quería montarlo. La invitación llegó en un momento clave: “Tenía unos meses que mi familia había venido a despedirse de mí. Me sentía abandonado”. Y aceptó la propuesta del sacerdote.

Leer: Hazael Ruiz: Viacrucis en reclusorios, un reencuentro con la espiritualidad

Narra que mientras preparaba el montaje, una noche, en su dormitorio, ocurrió algo inexplicable: “Tenía en mis manos un rosario con un Cristo fluorescente que me había regalado el sacerdote. Me llamó la atención que éste comenzó a brillar. Me le quedé viendo, y entonces empezó a correr toda la película de mi vida; no podía dejar de llorar. Esa noche decidí bautizarme”.

El 2012 quedó marcado en su memoria como el año en que montó su primer viacrucis dentro del reclusorio, y también el año en que se incorporó a la Iglesia de Cristo.

Aquel viacrucis le dejó al maestro “veinte mil cosas”; pero sobre todo, le enseñó a no quejarse de lo que pudiera vivir en prisión: “Y así se lo hago ver a mis actores. Les digo que lo que sea que vivamos aquí no tiene la menor comparación con lo que Cristo sufrió. Les hago saber que somos privilegiados”.

Puedes leer: Lleva el Cardenal Aguiar esperanza a internos del Reclusorio Oriente

Durante los últimos ocho años, Luis Miguel ha coordinado esta representación, y si de algo se siente orgulloso es del profesionalismo con que se realiza, pues ha logrado explotar su experiencia en artes escénicas. “La calidad del trabajo rebasa los estándares que vemos en otros reclusorios, incluso en parroquias”, considera.

Para llevar a cabo esta misión, él mismo escoge a la gente y la capacita. Por ejemplo, buscó entre la población a aquellos presos que tienen experiencia militar para que adiestren a los “soldados romanos”, de tal forma que éstos luzcan “gallardos e impresionantes”. Para instruir a Jesús, a los apóstoles y a todos los que participan en la representación –que este año son unos 140 presos–, estudian la Biblia para que “sientan la escena”.

Foto: Humberto Sánchez

Foto: Humberto Sánchez

“Yo no presento apóstoles santificados. Para mí, ellos eran como tú, como yo, o como cualquier otro que pudiera estar aquí en la cárcel. No entendían qué hacían con Jesús, sólo lo seguían porque –como decimos aquí– ‘estaba chido el cotorreo’. Creo que entendieron la trascendencia hasta después de la Resurrección, en Pentecostés”.

Tampoco muestra a un Cristo “tímido o santificado, ese que se agacha, y a todo dice que sí”, sino al Cristo que realmente impulsó un cambio en la gente. “Al apóstol Pedro –continúa– le digo que tiene que lucir como son los pescadores: brusco, tosco, incluso agresivo, pero un poco bruto”.

Foto: Humberto Sánchez

Foto: Humberto Sánchez

Luis Miguel asegura que el ser tan estricto en su trabajo ha hecho que el viacrucis luzca.

Este año, el maestro espera que acudan a la procesión entre 600 y 800 presos. Pero no tiene puesto su objetivo en las multitudes, sino en las conversiones: “Si de todos ellos logramos evangelizar a 13, seremos fregoncísimos”.