Turismo religioso

El pueblito que recibe a un millón de devotos de Santo Toribio Romo

Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, pasó de ranchería a ser centro de peregrinación.
El santuario de Santo Toribio Romo fue diseñado pro Fray Gabriel Chávez de la Mora.
El santuario de Santo Toribio Romo fue diseñado pro Fray Gabriel Chávez de la Mora.

La comunidad de Santa Ana de Guadalupe, en el municipio de Jalostotitlán, Jalisco, ha visto florecer su economía por la devoción a santo Toribio Romo y sus numerosos peregrinos.

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Esta comunidad, de unos 300 habitantes, recibe y atiende a más de un millón de turistas cada año. Su popularidad cobró fuerza desde que el padre Romo fue elevado a los altares el 21 de mayo de 2000.

“En poco más de 20 años, Santa Ana se transformó extraordinariamente: pasó de ranchería a un lugar próspero, cuya fuente principal de ingresos es el turismo”, asegura el investigador Enrique Propín, del Instituto de Geografía de la UNAM.

El santo de los migrantes

Cuenta la leyenda que un migrante, a punto de morir en el desierto en su intento por llegar a EU, se halló con un cura que le ofreció una garrafa de agua. Cuando volvió al pueblo a buscarlo, al ver una imagen de santo Toribio, cayó en cuenta de que había sido él quien le había prestado ayuda.

Muchos migrantes cuentan historias similares y han vuelto a Santa Ana a agradecer el favor recibido del santo. Ahora, santo Toribio es reconocido popularmente como el patrono de los migrantes.

De hecho, santo Toribio tiene templos en territorio estadounidense, en especial en California, pues la mayoría de sus fieles son de esta región. “Se llevan sus pertenencias y su fe”, dice el doctor Propín.

Ciertamente, concluye el especialista,  el éxito de estas regiones en materia turística, se debe a la voluntad y participación de las comunidades y a las autoridades por hacer prosperar la región.

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Santo Toribio Romo

El florecimiento de Santa Ana

El Padre Miguel Ángel Padilla García, rector y administrador del Santuario de Santo Toribio, dice que el florecimiento del pueblo se debe a la unión y el trabajo en equipo de la Arquidiócesis de Guadalajara y la comunidad de Santa Ana.

“Recuerdo haber venido aquí hace 23 años -cuando era diácono- a hacer ejercicios espirituales; sólo había una capilla y algunas casas muy rústicas. Ahora, las construcciones son más contemporáneas, incluso hay unas de estilo californiano; es un lugar distinto”, detalla.

Relata que, antiguamente, la principal fuente de ingresos del pueblo era la agricultura, pero hoy la mayor parte de la población concentra sus esfuerzos en los negocios enfocados al turismo, o bien, presta sus servicios al santuario.

“Ahora comemos elotes sólo por el gusto de saborearlos”, ríe el rector del santuario, quien asegura que hay mucho trabajo, y para todos.

Relata que el santuario comenzó con una sencilla capilla que ayudó a construir santo Toribio y donde él llegó a oficiar Misa. Ahora, debido al aumento de los peregrinos, los habitantes lograron recaudar fondos para construir un templo más grande, diseñado por el reconocido arquitecto Fray Gabriel Chávez de la Mora.

El turismo en Santa Ana se ve favorecido por su cercanía con San Juan de los Lagos, el segundo santuario religioso más visitado de México, ubicado a tan solo 15 minutos en automóvil, asegura el padre Miguel Ángel Padilla.

“El pueblo no es muy grande; de hecho, se puede conocer en pocas horas, y los paseantes aprovechan para visitar otros templos cercanos, como la Capilla del Santo Niño del Cacahuatito, en Mezquitic; incluso, algunos viajeros se van hasta Zacatecas a visitar al Santo Niño de las Palomas”, explica.

El rector del santuario asegura que no siempre hay multitudes, pero nunca faltan los peregrinos. “La gente no acostumbra a pernoctar aquí, pero si lo hace, les prestamos algunos salones, sobre todo cuando se trata de peregrinaciones. Nos vamos adaptando a las necesidades de los paseantes”, asegura el sacerdote.